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Los Innovadores del arte musical

En vísperas de la primera Guerra Mundial y después, como consecuencia de la misma, el arte en sus más diversos géneros atraviesa por una etapa de crisis. Por lo que respecta a la música, algunos innovadores consideran caducas las reglas no sólo de la armonía tradicional, sino de todo el arte musical del siglo xix. Y ello, lógicamente, origina fuertes polémicas y luchas. Igor Feodorovich Stravinski (1882), tras sus primeras composiciones que denotan la influencia de Rimsky-Korsakov, a la sazón maestro suyo, da a conocer los ballets El pájaro de fuego, que le había encargado Diaghilev, y Petrushka. Su estreno en París, en 1910 y 1911, respectivamente, comenta su fama, que se afianza con la presentación en 1913 de La consagración de la primavera, ballet muy discutido por sus innovaciones de armonía y ritmo. Durante la guerra, definitivamente exilado de Rusia, llega a un politonalismo revolucionario; luego, consecutivamente, cultiva varíos otros estilos experimentales que lo revelan un incansable buscador, fiel reflejo de una época inquieta. Aparte de sus ballets, ha compuesto numerosas obras para orquesta (Sinfonía de los Salmos, Concierto en re mayor. Tango arreglo de una anterior pieza para violín. Sinfonía en tres movimientos, etc.), música coral para piano, etcétera. Béla Bartók (18811945) vive una evolución parecida. Al igual que Stravinski en lo ruso, Bartók está arraigado en lo húngaro, pero ya no como al estilo romántico. Utilizando un folklore pintoresco, llega a estilizaciones elevadas, y a través de éstas a un estilo novedoso y personal, en el cual las armonías anteriores carecen de validez. Va prescindiéndose de la distinción entre consonancia y disonancia, sustituyéndolas por nuevos principios como linealidad (contrapunto libre) y, finalmente, dodecafonismo. Este último paso es dado por Arnold Schönberg (1874-1951), vienés de nacimiento, luego radicado en Berlín y después en los Estados Unidos. En un principio siguió las huellas románticas de Wagner, mas no tardó en avanzar hacia la total desintegración de las leyes musicales anteriores. Pero no se detuvo allí; ideó un nuevo sistema de composición llamado docetonalismo o dodecafonismo. Su prestigio de teórico alcanzó ya en vida un alto grado, siendo el conductor de una verdadera escuela mundial. No es menor su importancia como compositor, y especialmente las últimas obras Oda a Napoleón, Pierrot lunar, Un sobreviviente de Varsovia y la ópera Moisés y Arón quedarán, probablemente, como vivo testimonio de toda una época musical.
De sus innumerables discípulos merecen citarse, ante todo, los de la primera hora: Alban Berg (18851935), creador del grandioso drama musical Wozzeck; Anton von Webern (1883-1945), el más consecuente en la búsqueda de nuevos caminos, y Ernst Krenek; en Italia sigue Luigi Dallapiccola su camino; en Francia, René Leibowitz, y por lo menos temporalmente, los jóvenes como Pierre Boulez, adepto de la música electrónica y toda suerte de vanguardismos.
Otro innovador notable es el alemán Paul Hindemith (1895), quien, después de comienzos revolucionarios, halló un estilo propio y entroncado con el lejano pasado musical de la época gótica. Entre sus más valiosas obras se cuenta la ópera Mathis el pintor, el ballet Nobilisima visión y mucha música para conjuntos de aficionados. Un grupo de gran importancia se formó en París durante la primera postguerra. Inspirados por Cocteau y Eric Satie, se reunieron los seis: Darius Milhaud, Arthur Honegger, Francis Poulenc, Ceorges Auric, Louis Durey y Germaine Tailleferre. Milhaud (1892) creó valiosas óperas (ante todo Cristóbal Colón y David), piezas orquestales algunas con fuertes reminiscencias de su estada en el Brasil e instrumentales; Honegger (1892-1955) logró grandes realizaciones con El rey David y Juana de Arco en la hoguera (ambos oratorios escénicos), con profundas sinfonías y otra música orquestal; Francis Poulenc (1899) compuso numerosas obras, entre las quo merecen ser destacadas una misa y la ópera Diálogo de Carmelitas (basada en el famoso texto del escritor francés Ceorges Bernanos). So le debe asi mismo mucha música vocal e instrumental, de gran inventiva y, a menudo, de cautivante estilo.
Personalidad muy notable es el compositor Sergei Prokofiev (1891-1953). Entro sus composiciones más valiosas figuran las óperas El amor por las tres naranjas y La guerra y la paz, la pieza infantil Pedro y cl lobo, varias sinfonías, muchos conciertos y música cinematográfica. Entre sus compatriotas más jóvenes se destacan Dmitrí Shostakovich (1906), autor de sinfonías, música de cámara para piano, etc.), y Aram I. Khachaturian (1903) cuyas primeras obras ballets y conciertos Harnaron la atención por su fuerza y el hábil manejo de temas folklóricos armenios. También Inglaterra tiene varias figuras prestigiosas en la música moderna Anto todo, Benjamin Britten (1913) y William Turaer Waltoo (190°). Del prirocro se difundieron las óperas PctCT Crimes. El rapto dc Lucrecia, Hagamos una ópera y Una cuelta detuerca; del segundo, un Concierto de viola, la ópera Troilus y Créssida y el oratorio La fiesta de Belsazar. Entre los autores franceses del modernismo hay que mencionar a Olivier Messia en (1908); entre los alemanes, al originalísimo Carl Orff (1895), autor de Carmina Burana, Catulli Carmina, El triunfo de Afrodita, La luna, etc., y a Werner Egk. En Italia se distinguen Alfredo Casella, Godofredo Petrassi, Francesco Malipieroe Ildebrando Pizzetti; en Suiza, Willy Burkhard y Frank Martín. Entre los españoles destacan los hermanos Ernesto y Rodolfo Halffter, Julián Bautista y Joaquín Rodrigo. Uno de los fenómenos fundamentales en la música del siglo xx fue, sin duda, la irrupción de la música de jazz. No es de extrañar que varios compositores hayan ensayado una síntesis entre la música clásica y la de jazz. En principio, una fusión entre ambas tropieza con serios obstáculos; sin embargo, varios elementos del jazz especialmente rítmico llegaron a tener fuerte influencia en la producción de compositores eminentes como Ravel, Stravinski, Kurt Weill, Milhaud, Copland, Carlos Chávez, etcétera.