Sociedad y Cultura
EL SIGLO ROMANTICO

Ludwig van Beethoven
El subjetivismo, que durante el período clásico tuvo que subordinarse a las formas y normas de un estilo rococó, fue liberado gracias a la Revolución francesa. La clase nacida de tal conmoción, la burguesía, busca en las artes nuevas expresiones, nuevos ideales. El músico que más fielmente interpreta el gran cambio es Beethoven (1770-1827), en cuya vida puede seguirse claramente esta evolución. Se inicia en el estilo clásico; su decisivo encuentro con Haydn, en Bonn, y la honda admiración por las obras de Mozart fallecido poco antes de la llegada de Beethoven a Viena, su segunda patria no hace más que confirmarlo. Pero a medida que avanzan los años y con los años las ideas de la Revolución, Beethoven rompe con las normas existentes y busca la adecuada expresión musical de aquellas ideas. Se convierte, pues, en el puente entre el clasicismo y el Romanticismo, estilo este último que abarcará la casi totalidad del siglo XIX. La obra de Beethoven no es de las más amplias numéricamente; pero cada una de sus composiciones lleva un rasgo muy personal, una expresión subjetiva y de nobles sentimientos.
Integran su acervo la única ópera Fidelio (que tuvo que ser reformada varias veces y para la cu1al compuso nada menos que cuatro oberturas llamadas Leonora y Fidelio), dos misas (una titulada Misa solemne), las celebérrimas nueve sinfonías (de las cuales llevan subtítulos la tercera, Heroica; la sexta, Pastoral, y la novena, Coral, por incluir voces de solistas y coros en su glorioso final sobre letra de Schiller),cinco apenas menos famosos conciertos de piano, un concierto para violín, treinta y dos sonatas para piano (que abren perspectivas totalmente nuevas al género), cuartetos de cuerda (los últimos muestran un Beethoven ya casi incomprensible y más allá de las posibilidades técnicas y musicales de su siglo), oberturas, música de es-cena (entre producciones del género, la del drama Egmont, de Goethe), música de cámara e instrumental y lieder. La vida de Beethoven, sumamente conocida, fue de supremo sufrimiento y dramáticas alter-nativas. Después de una niñez y juventud sombrías en Bonn, sigue, a partir de 1792, una época brillantísima en medio de la calurosa acogida que le dispensó la mejor sociedad vienesa. Pero a comienzos del nuevo siglo se acentúa la cruel enfermedad del oído, que pronto ha de dejar sordo al maestro, lo que motiva su paulatino retiro a una total soledad. juntos musicales, le exigía vestir de librea, al igual que los otros integrantes del palacio. Artista libre: libre para componer lo que su inspiración le dicta; libre para aceptar los compromisos de actuar en público que le parecen convenientes; libre para emprender viajes artísticos sin permiso de nadie. Un panorama nuevo y embriagador ensancha el pecho de los músicos: ser artista y nada más.
Es bien conocida su manera lenta de componer, de retocar cien y mil veces y entre grandes dudas y autocríticas cada una de sus obras, hasta conseguir la ansiada identificación con su ideal. Con Beethoven da comienzo una nueva época, en la que muchos problemas psicológicos intervienen en la marcha de la historia musical. A partir del gran sordo de Viena, el compositor comienza a expresar sus estados de angustia, sus sueños terroríficos; se libera de celos como diría el psicoanalista a través de su obra. Beethoven estampó sobre su Sexta sinfonía (la Pastoral). En los esbozos de la obra de Beethoven puede apreciarse la ardua lucha consigo mismo, su inmenso deseo de perfección y su firme inconformismo, A veces, desde la primera anotación hasta la terminación de la obra no quedó en pie una sola nota. Y todo el intenso nerviosismo del maestro se refleja claramente en la grafía de sus manuscritos, como en esta página aquí reproducida.
Ninguna vida de artista ni siquiera las muy dramáticas de Chopin, de Gauguin o de Van Gogh ha encendido hasta tal punto la fantasía de la posteridad como la del “genio de Bonn”(al cual, con casi mayor justicia, habría que denominar “el gran sordo de Viena”). Son muchos los factores que coinciden para hacer de Beethoven un caso tanto de honda admiración como de detallado estudio. Ha sido el primer músico deliberadamente libre; ya no el empleado de una corte principesca y feudal que, a pesar de la alta estima en que tuviera a un compositor o director de la compresión de sentimientos que una descripción pictórica. La música deja de ser objetiva y se convierte, pues, en “expresión de sentimientos” y pronto en descripción, cada vez más detallista, de un sinnúmero de cosas extra musicales. Es importante comprender esto, no sólo por el siglo XIX, sino también por el nuestro, cuya lucha es precisamente la reacción contra tales “desvíos” (como los denominaban muchos teóricos y artistas contemporáneos) y el deseo de retrotraer la música a no ser más que, pura y simplemente, esto: música.