Musica
Voces Femeninas

Por el registro se subdividen en tres grupos: soprano, mezzosoprano y contralto, las que, a su vez, se subdividen de acuerdo con el carácter.
Soprano. Es la más aguda de las voces femeninas; la voz natural de la mujer y del niño es la más brillante de todas. Su extensión, como en los demás registros, depende de las condiciones individuales y del proceso de educación que ha recibido. No corresponde hacer referencia aquí a los diversos y múltiples detalles que han sido establecidos, a lo largo del tiempo, por las diferentes escuelas de canto. Tampoco serán tratados los casos de excepción que pueden considerarse fenómenos vocales. En los agudos, la voz puede alcanzar límites muy por encima de lo normal, especialmente en las llamadas sopranos ligeras o tiples. Los distintos timbres de este registro son: soprano dramática, de gran fuerza y vigor; soprano lírica de timbre suave, cálido y pleno, y soprano ligera de portentosa agilidad y claridad cristalina.
Mezzosoprano. Como lo indica su nombre (que en castellano significa “medio soprano”), es una voz intermedia entre la aguda y la grave. Voz cálida, de registro amplio, que a veces puede llegar a agudos metálicos. La mayor sonoridad de este registro está en las notas centrales.
Contralto. Es la más grave de las voces femeninas. Sus notas bajas son de colorido oscuro y potente. Las centrales, cálidas y sonoras, igual que las más restringidas agudas. Esta voz es extremadamente grata por la delicadeza de su timbre; sin embargo, durante largo tiempo no fue usada como solista. Rara vez recurrieron a ella hasta el siglo XVIII. Una excepción la ofrece Gluck (1714-1787), que originariamente escribió para este registro la partitura de su Orfeo, siendo reemplazado luego por el tenor, en la adaptación que se hizo para el teatro francés. Rossini (17921868) y sus contemporáneos, en cambio, le concedieron mayor importancia. Después los románticos la aprovecharon, pero sin otorgarle casi nunca los papeles principales; solía caracterizar a los personajes de edad o villanos, las brujas, etc.
Voces Masculinas
Como las femeninas, se clasifican en tres grupos: tenor, barítono y bajo, con sus respectivas subdivisiones.
Tenor. Es la más aguda de las voces masculinas y, según sus características especiales, admite tres matices: tenor dramático, de timbre robusto y heroico; tenor lírico, de timbre suave y patético, y tenor ligero, de timbre ágil y agudo.
Por afinidad se aplica la palabra tenor a ciertos instrumentos cuya tesitura está comprendida, aproximadamente, dentro de los límites del registro de esta voz. La palabra tenor viene del verbo latino tenere, que significa tener, sostener. Se llamó así, en los comienzos de la polifonía, a la voz que mantenía la melodía gregoriana o canto fermo (quia vocem tenebat). Contra esa voz, otra ejecutó un contrapunto (discantus), y a ella se agregaron luego otras voces, dando origen así a la verdadera polifonía.
Barítono. Voz intermedia del hombre, que equivale a la mezzosoprano en la mujer. De timbre gallardo y potente, según sus características tímbricas y de expresión, puede ser dramático o lírico. Es la más corriente de las voces viriles.
Bajo. Es la voz masculina de timbre más grave. Se registran dos matices distintos: el de bajo cantante, voz vibrante que, a pesar de su gravedad y carácter majestuoso, puede adquirir cierta agilidad, y el de bajo profundo, cuyos graves son imponentes; entre los de nacionalidad rusa se han registrado algunos realmente extraordinarios por la profundidad lograda. En las óperas del siglo XVIII se llamó bajos cómicos a ciertos cantantes que se caracterizaron más por sus excelentes condiciones de actores y su dicción que por sus dotes vocales. Rossini aprovechó magistralmente este registro, que se adaptaba a su estilo.
El hombre puede, además, variar el registro de su voz alterando el funcionamiento normal de sus cuerdas vocales, hasta conseguir una voz aguda que imita la de las mujeres y niños. Esta voz se denomina de falsete, llamándose sopranita al que logra conseguirla. Durante los siglos XVI y XVII se dio también este nombre a individuos castrados antes de la pubertad, para que conservaran el tono agudo de la voz infantil hasta la edad adulta. Estos sopranitas o castrados fueron destinados a los coros de la Capilla Sixtina y de modo brillantísimo a la ópera.
Voces Blancas o Infantiles
Son llamadas así las voces de los niños de ambos sexos antes de la pubertad. De timbre puro y cristalino, se asemejan a las voces medianas de la mujer, pero van diferenciándose cada vez más, según el sexo. En las niñas el cambio es insignificante, mientras que en los varones es mucho más sensible. En algunos casos los cambios, aun en los varones, se producen insensiblemente, mediante descensos lentos y progresivos a las tonalidades graves. En otros, en cambio, esa transformación se hace merced a quebraduras bruscas y violentas, que pueden durar de los 12 a los 14 6 15 años. El comienzo de esta mutación se halla sujeto a factores diversos, de acuerdo con la constitución natural de cada niño y las condiciones del medio ambiente, La voz, durante este período, debe ser cuidada al extremo, siendo en general perjudicial el canto. Se debe tener presente que a cada voz humana correspondió en siglos anteriores una clave especial. Así, a las voces de bajo y barítono corresponden las de fa en 4° y fa en 39, respectivamente, y a las de tenor, contralto, mezzosoprano y soprano, las claves de do en 49, do en 39, do en 24 y do en 1°. Otra particularidad digna de tenerse en cuenta es que en apariencia el tenor y la soprano cantan al unísono, porque, por lo general, las partituras de ambos aparecen escritas en clave de sol en 29, para facilitar la lectura; pero en realidad cantan con una octava de diferencia.