Musica
LA MUSICA PRIMITIVA

Los orígenes de la música yacen en una oscuridad históricamente aún más profunda que la del lenguaje, cuyos monumentos sobrepujan en edad, por prodigiosos espacios de tiempo, a los de la música. El único medio de aclarar, en cierto modo, este misterio, es el de la observación del desarrollo musical del niño y el de la música de los pueblos primitivos, por lo que ambos tienen de similar en su evolución. Para el hombre de los tiempos prehistóricos que percibió por primera vez un sonido musical originado por golpes dados sobre un cuerpo hueco o por la oscilación de una caña bajo el viento, el hecho debía resultar algo incomprensible y, por lo tanto, misterioso y mágico.
Al conjuro del simple golpe de los instrumentos de percusión, llegó este hombre primitivo a excitarse hasta la embriaguez. En el choque seco producido por ese instrumento, experimentó también el poder sugestionador del ritmo. De ese ritmo que encendía y animaba el culto de la danza, coordinando el trabajo, que así parecía aliviarse como bajo el influjo de un poder mágico. Simultáneamente pudo ejercitarse el hombre de las tribus guerreras en el uso de la graduación de los sonidos fuertes, que se diferenciaban esencialmente, por su claridad, de los vagos e indeterminados del lenguaje. Puede haber llegado así a manifestar una preferencia por los intervalos más sonoros y más “fáciles”, la cuarta y la quinta.
El ritmo y el sonido que se aliaban a un texto más o menos sensato, tenían el papel inmediato de una fórmula mágica de conjuro, utilizada por el sacerdote en el culto, por el cantor en la danza, o en el trabajo. Pues las notas musicales de contenido alegre o triste tenían la virtud de lograr, en esos hombres aislados, el impulso que liberaría sus necesidades emocionales. Al concepto de música primitiva pertenece igualmente la monotonía, esto es, la repetición interminable de una misma frase breve. Como también le pertenecen la improvisación y el insistente ritornelo, el coro y los solos, elementos todos de sus formas más remotas.
MUSICA DE LOS PUEBLOS DE ANTIGUAS, CIVILIZACIONES, MÚSICA GRIEGA
Es característico de la melodía primitiva la existencia de escasos y pequeños intervalos, y además vagos y variables. Lo que diferencia a la música de los pueblos primitivos, de la música de la Naturaleza, es el conocimiento de la existencia de la octava; el impulso y el esfuerzo teórico, los naturales puntos fuertes de su división en tonos y semitonos, y luego su relleno por medio de la cuarta y la quinta, que reforzaban la melodía.
Una señal del esfuerzo en esos tiempos primitivos, es la pentatónica, la limitación de la octava a cinco grados, sobre una escala en la que se ha eludido la difícil interpretación de los semitonos, de los intervalos, al igual que el niño que evita una difícil expresión del lenguaje para reemplazarla por otra más sencilla y accesible a él. A la ejecución fantástica o melancólica de la expresión significativa de los sonidos aislados y conductores, se unía la verdaderamente matemática sonometría, la cual llegaba, fuera de las naturales reparticiones de la octava, al mecanismo artístico.
Sobre estos extraños y heterogéneos sistemas conductores, los cuales, más que como grados elementales, se pueden contemplar como la convención de degeneraciones sagradas de la escala natural, se por los viejos escritores filosóficos, como causas de la decadencia de la música. Nosotros no estamos en condiciones de comprobar este juicio, pero queremos puntualizar que, precisamente en aquel tiempo decadente mentado por los filósofos, la antigüedad logró la plena madurez de su técnica artística, llevándola a la más comprensible y mínima representación. Su estética, armonía y rítmica, y In acústica física, matemática, debían servirle para ganar, en la posteridad, su mayor influencia.
Así como la antigua cromática y en armonía nada tienen de común con los conceptos con que los ligamos hoy, de igual manera nada significa la armonía griega para nuestra poli sonoridad o polifonía. Ya de la Indestructible unión del sonido con la palabra, de la independencia en la medida de la duración del tono, de la prosodia poética, arranca el pensamiento cuidadoso, grato y prematuro, de la polifonía del mundo antiguo. La música antigua fue monofónica, monódica; el papel del acompañante de la cítara, instrumento favorito de los griegos, fue el de ser utilizado solamente para la ejecución de Ias melodías cantadas, por medio de la unión y embellecimiento de los sonidos.
La armonía de los griegos era técnica melódica. Una técnica de la melodía, de una perfección y refinamiento que es, ciertamente, en el fondo, el más esforzado argumento contra la aceptación del armorial en un sentido nuevo. La base de la melodía griega es una teoría de escalas, la que, en la diferenciación de cada uno de los semitonos de acuerdos compone de diferentes grupos de cuatro tonos, lo que nosotros, respondiendo a la esencia de la teoría y sentimientos griegos, anotamos bajando:
El dórico (la – sol – fa – mi).
El frigio (la – sol – fa sostenido – mi).
El lidio (la – sol sostenido – fa sostenido – mi) tetracordio.
Para la diferenciación de estos elementos que forman una escala, entra también el tercer género de tonos: los diatónicos, cromáticos (la – fa sostenido -fa-mi) y enarmónicos (la – fa – fa bemol – mi).
Esta melodía finamente conformada, con sus leyes fijas, pero también rica en posibilidades de modulación, de mezcla de los géneros sonoros, hace suponer de antemano en los oyentes la más elevada delicadeza para el refinamiento melódico y rítmico. Ella estriba, por otra parte, en un largo desarrollo, comprensible sólo históricamente en el símbolo de los intervalos, y en la ética de los géneros de la octava. Esta melodía supone también un oído fino y ejercitado para la deseada limitación de las cuerdas con el mínimo principio de once tonos, que excedían apenas la cítara, y la resonante zampoña que indica uno de nuestros hábitos más remotos y aún existentes.