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La música de Bach

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¿Qué es lo que no se encuentra reunido ya sea sacro o mundano en las cantatas de Bach?

La gran aria italiana para una o varias voces con el acompañamiento sencillo del “continuo” o el de varios instrumentos, el arioso, el recitativo, el motete coral homófono o fugado, la composición coral de concierto con su más rica alternativa de coro y solotodo esto con las posibilidades de agotar las combinaciones con la melodía coral. Aún más, el coral mismo en el engaste llano de cuatro voces, la pieza de introducción de la sinfonía orquestal desde su figura más vieja, al estilo de Gabrieli, hasta la moderna obertura francesa, y la todavía más moderna forma de concierto. Todo esto se aúna en el gran maestro en un juego melódico y espiritual que sólo puede emanar de la personalidad de un Bach y únicamente le pertenece a él. Todo eso pudo fusionarse en una unidad tan perfecta, que los reparos a su1 estilo, vacilaciones que mantuvieron alerta a sus predecesores en la nivelación de lo vocal e instrumental, cayeron de plano en el vacío.

En Bach parecen encontrarse todas las corrientes que su tiempo y el pasado crearan e imaginaran. Sobre todo, su expresión en el lenguaje original de la polifonía, su desenvoltura y su fuerza, eran algo que su tiempo no había hallado aún, era el susurro armonioso de manantiales largamente ocultos. Su origen de la más grande generación de músicos, establecidos en el corazón de Alemania organistas y tocadores de pífano es simbólico. En ese círculo estrecho para él, sobre sus lejanos parientes artísticos, descolló Bach de inmediato por su impetuoso celo en el estudio, buscando el primer material nutritivo en el terreno de las piezas para piano, el motete y la cantata. Siguió luego los pasos artísticos de Pachelbel y Buxtehude, y de acuerdo a lo que habían deseado Francia e Italia en sus nuevos movimientos musicales, persiguió atentamente lo realizado ya, no despreciando ninguna de las piedras fundamentales del arte musical, para incluirlas a cada una en el lugar correspondiente, en su edificación artística. Sentía placer en alimentar su fantasía con modelos extraños. Se sentía apresado gustosamente en los temas ajenos, llenando trozos completos de la música de otros compositores con su poderoso aliento. Su “Passacaglia” no hubiera surgido nunca sin Buxtehude. Ni “Las Cuarenta y Ocho” (Das wohltamperierte Klaner) no existiría sin la obrita (La “Ariadna Música” del año 1715) del delicado maestro de piano J. K. F. Fischer, ni su suite para clavicordio sin el trabajo preparatorio de los franceses. Pero lo que toca, crece bajo su mano hasta lograr su completa grandeza y desarrollo; crece como un tronco fuerte, sano, rico y de copa amplia, desenvolviéndose en la ramificación polifónica hasta su más delicada ramazón y florescencia melódica. Su pensamiento polifónico se agita en la órbita de la armonía preestablecida ya por sus leyes, y, sin embargo, es más temeraria. Es el primero que sabe tomar de la atmósfera reinante las posibilidades por un contemporáneo, Andreas Werckmeister, que realzó la separación de las octavas en doce semitonos iguales y que él aprovechó, terminando el circulo de los sonidos, para hacer de ellos el uso más libre y a la par más seguro.

El arte de la cantata en Bach es una descomposición del hecho fundamental y la pregunta básica de la fe, planteada de una manera tan aguda, inexorable, profunda y delicada, como nunca lo fuera. La vida temporal como la vida eterna, actividad y contemplación, mortalidad y muerte, culpa y pecados, sufrimientos y liberación: todo lo que conmueve a los hombres cristianos, lo eleva este predicador, el más grande después de Lutero, no en la forman teológica, abstracta, sino con los medios simbólicos de la fantasía musical, hondamente sugestiva en su representación.

Las cantatas de Bach son realmente una “biblia pauperum” en música. Lo qué más hondamente ha preocupado al hombre que escribió partes orquestales tan llenas de alegría vital, fué el morir y la muerte, el anhelo de la liberación; una embriaguez mística lo acomete ante el pensamiento del final de la vida y del más allá. La particular modalidad de la fantasía musical de Bach fue apreciada y colocada en su justo lugar recién en los últimos tiempos. La ve con tanta agudeza y verdad que, según sus temas, se podría formar el cuadro que él mismo se forjó de las propiedades de Dios Padre, de Cristo como dominador, libertador y vencedor; del diablo como tentador, serpiente y enemigo. Sin embargo, no es su fantasía un depósito de motivos ya dispuestos y terminados, sino un cosmos de la más poderosa potencia generadora, de la más variada abundancia y vivacidad de figuras.