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El músico y su obra

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CATTELANI, Ferruccio

Músico, compositor y profesor. Nació en Parma (Italia), el 28 de marzo de 1867. Estudió en el Real Conservatorio local donde tuvo por maestros a Ludovico Mantovini y Justo Ducci y fue condiscípulo de Arturo Toscanini. Terminada su preparación en 1885, fue contratado como violín solista en los principales teatros de Río de Janeiro, Montevideo, Buenos Aires y Santiago de Chile. Radicado definitivamente en esta ciudad, en 1897, dio varios conciertos que confirmaron su fama de eximio violinista. Fundó la Sociedad Orquestal de Conciertos y el Cuarteto Cattelani. Al frente de aquella orquesta bonaerense hizo conocer las obras de los grandes maestros entre ellas, la Novena Sinfonía de Beethoven. Dirigió bajo su batuta a 50 profesores de música, con los que intervino en numerosos festivales musicales y conciertos. Durante 14 años fue profesor de violín, fundando después el Conservatorio Cattelani. El 10 de marzo de 1900, estrenó en el teatro San Martín su ópera en cuatro actos titulada Atahualpa, inspirada en un tema americano, que fue bien recibida por el público. Compuso gran número de obras orquestales de cámara, como Himno de Garibaldi; Himno a la Sociedad “Unione e Benevolenza”; Himno al Centenario (1910) estrenado en el teatro Colón por una orquesta de 400músicos; Seis estudios para violín, etc. En el campo de la ópera presentó el estreno local de Orfeo, de Claudio Monteverdi (1920). Falleció en Milán, el día 16 de abril del año 1932.

CASTRO, Martín

Payador y cantor. Nació en Merlo (Prov. de Bs. As.), el 16 de febrero de 1882, hijo de Martín Castro y de doña María Lacumberry. Quedó huérfano a los ocho años y sin instrucción anduvo rodando por los ranchos de la zona. Llegó a la adolescencia sin conocer las cinco primeras letras del abecedario. Fue albañil, boyero en su juventud, y a los 20 años trabajó en la estancia de Bernardo de Irigoyen. Formó parte del grupo de poetas y cantores populares que acompañados por su guitarra, se enfrentaban en las célebres payadas. En almacenes de pueblo, pulperías o circos, los payadores competían durante largas horas frente al público, improvisando en verso y respondiendo por turno de la forma más ingeniosa posible. Los temas eran el amor, la soledad, la pobreza, la amistad, la muerte, los mismos que interesan a los seres humanos de todos los tiempos. Pero Castro fue especialmente sensible a la injusticia social y sus versos, sencillos y directos, alcanzaron enorme repercusión popular. Con el tiempo también cantó en glorietas, locales políticos y en sindicatos en dúo con José Antonio Mata, con el que permaneció durante cuarenta años. Escribió docenas de poemas que fueron reunidos en diez libros inhallables, pero que en un tiempo eran infaltables, en todos los ranchos y casas humildes. Su poema más conocido fue El huérfano, escrito en 1908, que tuvo una extraordinaria difusión y se cantó en toda América latina. Otros poemas suyos fueron Camino del payador, Contrapunto (1967). Una recopilación de sus principales poesías criollas las recogió en “El Fogón de don Martín”. Por su defensa de los derechos de los trabajadores y sus críticas directas a las clases dominantes pasó más de una temporada en la cárcel de Villa Devoto, en el sector de presos sociales, adonde iban a parar los anarquistas, muchos de ellos poetas y escritores. A pesar de confesarse que era “tolstiano”, es decir, ácrata, agregaba furioso anticlerical. Cantó con igual entusiasmo a Sarmiento y a Rivadavia, quizá por ser este último el que propugnó la reforma religiosa. Vivió durante muchos años en la localidad de Ciudadela (Prov. de Bs. As.) y murió el 7 de abril de 1971. Sus versos fueron cantados por Hugo del Carril, Edmundo Rivero, Fernando Ochoa, Alberto Castillo y Horacio Guarany. Dejó preparada una colección inédita de sus versos, acompañada con una autobiografía. Era de elevada estatura y de ojos celestes. Fue un hombre bueno y de extremada generosidad. En su tumba en el Cementerio de San Martín (Prov. de Bs. As.), varios payadores improvisaron en su homenaje. Una calle del partido de Tres de Febrero (Prov. de Bs. As.), por toda esta trayectoria se ha ganado el popular apodo, que lo volvió histórico, el nombre de “Payador Martín Castro”.