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El arte instrumental del siglo XVI 

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Una importante participación tiene en todo el arte instrumental del siglo XVI el ejercicio improvisado de la decoración. Para Alemania y los Países Bajos tiene la escuela musical veneciana, con sus dos maestros a la cabeza, Andrea y Giovanni Gabrieli, dominadores de todos los secretos musicales del siglo, una significación determinada. Andrea Gabrieli, como maestro de Hans Leo Hasler y (junto a Zarlino) de Jan Pieters Sweelinck (1562-1621), el que, a su vez, como maestro del estilo artístico recibido, instruye a toda una serie de destacados alumnos alemanes. Para Giovanni Gabrieli fue gloria suficiente el nombre de un único discípulo: Heinrich Schútz Pero él no hubiera necesitado del apoyo de sus muchos alumnos para imponer su nombre en la favorable situación de Venecia, y atraer con el embrujo de su obra todo el arte alemán hacia el canal veneciano.

Antes que esto sucediera, Alemania había cuidado, como un breve jardín tranquilo, lleno de flores, su canto mundano. La técnica de ese canto fue por largo tiempo la misma, abriéndose con mucha lentitud al pasado siglo XV y al nuevo y libre ideal artístico reinante. Del estilo cantado, recitado por el tenor perteneciente al género del canto cortesano, recogido por cantores ambulantes, en estrofas y melodías que plasmaban la vida, surge su enlace de voces más o menos ingenioso para la ejecución múltiple, vocal o instrumental.

Del libro de canciones a tres voces de Lochamer surge, en la florescencia del género, alrededor del año 1530, el de cuatro, y lo máximo, cinco voces. Formación llana, que se ajusta claramente a la construcción de las estrofas del texto y que resultaba preferible a la construcción pretensiosa del motete. Le son propios la dirección a dos voces, los finales cordiales, la preferencia por el tono lídico (íB mayor), uniendo a esto, sin embargo, una delicada y cautivante rítmica, la del estilo de canto acompañado, ingeniosa y creciente.

Al círculo de material de esa lírica pertenecía, ante todo, naturalmente, el canto amoroso, pero también tiene su lugar el canto adecuado a las circunstancias: el edificante, el moralizador y el político. Un lugar particular ocupaba el canto dedicado a la buena mesa y a la bebida (canción báquica). La exteriorización de los placeres recios de La vida encuentra su mejor expresión en el centón musical y sus mil ensayos. Todas las relaciones de esta lírica que podía graduarse desde la llana cordialidad y la suave intimidad hasta la grandiosidad sencilla, Indicó qué amplío era su ambiente entre el pueblo alemán y qué hondamente estaba ella arraigada en su alma.

Un indicio de ello es también el hecho de que ningún maestro solo haya emprendido la colección de creaciones de esta índole; ellas eran, en oposición al madrigal exclusivamente subjetivo y artístico, la más pura ofrenda de la comunidad, y están contenidas en un par de grandes colecciones que comprenden las treinta y ocho canciones más importantes, es decir, la quinta parte de la colección del aficionado de arte, doctor Georg Forster (1539-1556).

Los maestros de ese género son, dentro de un gran número de trabajadores más o menos técnicos, primero Heinrich Isaac, el que supo encontrar para el género el tono adecuado, como sólo sabe hacerlo un verdadero alemán. Luego Heinrich Funck, Thomas Stolzer (1526), Paul Hofhaimer, Kaiser Maxens (organista). Pero sobre todos, Arnoldo von Bruck y el suizo Ludwig Senfl, que es un creador de canciones plenas de maestría, suavidad, grandeza y humor, dominando todo el círculo sonoro desde lo recio hasta lo sublime. Junto a estas canciones reclaman un lugar propio las composiciones homófonas sobre la medida de versos antiguos originales de Hofhalmer y Senfl. Todo lo que en Italia se penetra de espíritu antiguo en la creación viviente y renovada, toma en Alemania el carácter del método humanístico.

En el último tercio del siglo pareció secarse el terreno que diera tan forídos frutos; la influencia italiana, la importación directa era un juego fácil. Es verdad que también una serie de artistas ensayaron la mezcla de la savia debilitada con los elementos del estilo del sud, pero esta amalgama no pudo ser lograda. En oposición a Inglaterra, donde el arte italiano se prescribía sin reserva, y donde al final del siglo se logró llevar al idioma inglés un conjunto encantador de canzonetas y madrigales italianos, se hizo en Alemania este ensayo, componiendo con preferencia los madrigales directamente en italiano.

También la villanela italiana, que debutó en su idioma natal, experimentó una breve alemanización exterior, al convertirse en “cancioncilla aldeana”, pero sólo exteriormente, porque la villanela a tres voces fomentaba casi por completo en Italia una tendencia paródica, pudiendo contar únicamente con la comprensión general a grosso modo y en oposición a una cultura más refinada. Un velo absurdamente raro les fue colocado a estas canciones al ser trocadas más o menos en “cristianas, moralizadoras y morigeradoras”. Más tarde impusieron su carrera victoriosa en Alemania, según el modelo de Gastoldi y de Vecchi, sobre todo la canción a cinco voces y el balleto (Tanzlied), penetrando con más persistencia y determinación que en su propia patria.

Partes del balleto desembocan en la suite de danza puramente instrumental. Otras fertilizan de nuevo el viejo centón musical, igualmente según el modelo de Vecchi y Banchieri, y sazonan una literatura de canciones de contenido popular, que supo mantener su fresca vitalidad en el centro y sur de Alemania, vivificando la música de esas regiones y volviendo a salir a la luz aún en los comienzos del siglo XVIII. El único que aclimató planta extranjera fue Hans Leo Hasler, de Nuremberg. Hasler no fue el primero que hurgó en la fuente artística del espíritu italiano, pero el modo en que se hundió en ella, para empaparse de su esencia y devolverla luego extrayéndola de sí mismo, explica cómo transformó, por ejemplo, en sus cancioncillas alemanas de 1591, la canzoneta italiana, desprovista de su vestimenta paródica o pastoral, para hacer de ella canciones corales alemanas, plenas de dulzura y de emoción. Esta realización es para la inteligencia y comprensión de los músicos alemanes eternamente memorable.