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Cuartetos que recién conoció el público en el año 1781.

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En los predecesores de Haydn y en sus propias primeras obras, no es sino raramente el fragmento de la composición de la sonata, el que comienza la segunda parte y que antecede a la repetición del tema principal, otra cosa que un episodio y que se distingue sin pena de la digresión y aproximación melódica de la secuencia. Haydn hace de la extensión temática (Darchfühung) la esencia y punto álgido de la composición de la sonata. La “manera particular” consiste en una prueba que le confiere un sentido completamente nuevo al grupo temático de fuerzas somnolientas, a la repetición (reprise) y luego a todo lo que acaece en la sonata. Comienza por inventar los motivos de su desenvolvimiento temático y ya en la exposición del tema se torna cada uno de los ejecutantes del cuarteto, en un ente independiente. Cada uno persigue la melodía principal, tornadiza y saltarina, que se trasmuta de una voz a otra, de acuerdo a sus propios pensamientos, pero sin apartarse del asunto, sin hacer divagaciones que lo alejen del entretenimiento (Unterhaltung).

En la ejecución se descompone, empero, el material melódico en una pareja forma dramática, que Haydn coordina por medio de una unión general y un estilo libre y severo. Una nueva aplicación del contrapunto, que gana de inmediato para la música instrumental su tercer reino; un infinito enriquecimiento de su espiritualidad e independencia. No queremos decir que Haydn haya renunciado al principio de la severa polifonía. El que sabía escribir aquella verdadera melodía contrapuesta, halló en el modelo de los vieneses y los de Mannheim la figura de pequeñas fugas (con frecuencia al final de las frases, con tema contrapuesto), y se apoderó de ellos, infiltrándoles al mismo tiempo el juego que animaba su espíritu. Precisamente en las sinfonías de las décadas críticas se solazaba él en el problema de la forma severa un adaglo en “doble contrapunto”, un andante conducido canónicamente. Más tarde da la impresión, sin embargo, de que el maestro consumado y victorioso jugara con esta composición Bervll y cevera. Y la transforma, utilizándola precisamente para una de sus composiciones más alegres, el mínuet, y para el efecto más humorístico del final de sus estrofas.

En la misma forma en que superó el estilo galante, también logró Haydn vencer esa oposición del enlllo “nablo” del siglo XVIII, que, pasando por Bobre el modo homófono, olvidó, por sabida, la verdadera polifonía. En las décadas que siguieron a los “Cuartetos rucos” siguió Haydn observando con atención de estudioso las creaciones de su contemporáneo más destacado: Mozart. La temática de Haydn Be torna, a la par, más dulce y más Bencilla. Permite que su melodía sea penetrada por un elemento llano y cantable y le agrada, precisamente, suscitar con estos cantos llanos el milagro de múltiple expresión que enceraban en sí sus desenvolvimientos temáticos.

Este Haydn maduro de los últimos tiempos es el que, elevándose por sobre Mozart, supo darle al conjunto do sus cuártalos y sus sinfonías aquella secreta unidad que en sus cuatro composiciones se nos aparece como la llama de una única esencia genial. Que logra dar a cada una de sus obras una independencia tal que aparecen con su propia fisonomía. Y cuya frase final supone todo el desenvolvimiento de Ias partes precedentes, conduciéndolas a un alegro coronación. Haydn habló tamblón do “caracteres morales”, que señaló en sus sinfonías. Tamblón sus contemporáneos aceptaron complacidos esa característica, tratando de comprenderla por medio de señas particulares y especiales nombres de pila, en las composiciones y obras aisladas.

De la misma manera con que Haydn perfeccionó, dando la forma más acabada a la primera frase de la Bonata, así ahonda también la segunda a la más íntima afectividad, hasta llegar, puede decirse, al canto hímnico. Un ejemplo inmortal es el himno al kalser, en que utilizó las más delicadas variaciones en un cuarteto de Instrumentos de arco. iQué se hizo en sus manos ese final de sinfonía, bonito o grave, galante o antiguo, extraído del minuet de sus contemporáneos! Juega, bromea, se divierte, sonríe de vez en cuando, aun en los momentos de ánimo más serlo. Pero él conoce también los tonos que corresponden a la seriedad, sabe tocar los sonidos de la excitación y el furor. La riqueza espiritual, el fuego y la vivacidad, el enlace ampliamente vital de represión y libertad, el humorismo de esta composición, llegan a una cumbre que no ha sido accesible a ningún otro después de él.