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La Expansión de la Ópera en Europa

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Apenas afirmado su triunfo en Italia, la ópera inició la conquista del mundo. Todos los países europeos la adoptaron, y, en siglos posteriores, también los de América. La única cuestión que se suscitó en torno de ella, fue si se aceptaría el arte lírico italiano sin introducir cambios en el mismo, o si se llegaría a crear un arte lírico nacional. 

Jean-Baptiste de Lully (1632-1687) compositor italiano que en 1661 adquirió la nacionalidad francesa fue el creador de la ópera nacional en su país de adopción. De acuerdo con la predilección por el ballet, propia de Francia, cedió a éste un lugar primordial dentro del espectáculo lírico. La ópera alemana se inició con Dafne (1627), de Heinrich Schütz (1585-1672), pero sólo en 1678 se sucedieron las representaciones líricas regulares, al fundarse en Hamburgo un importante teatro. El máximo compositor de óperas inglesas fue Henry Purcell (1658-1695), a cuya temprana muerte se extinguió por mucho tiempo la creación lírica nacional. Los otros países aceptaron la ópera italiana, que invadió a Europa entera con sus propios cantantes, compositores, libretistas, empresarios, etc. Cuando procedieron a implantar sus propias escuelas de ópera, la influencia italiana era evidente. Así creó un italiano, Lulli (afrancesado luego como Lully) la ópera francesa, y Schütz, autor de la primera ópera alemana, estudió en Italia. Sólo mucho más tarde surgen en los demás países óperas verdaderamente nacionales: el siglo xix asiste al nacimiento de una lírica rusa, checa, polaca, etc., como pronto veremos.

EL SIGLO XVIII Y EL ARTE CLÁSICO

Bach y Haendel

En el umbral del siglo XVIII se yerguen las dos figuras de Johann Sebastián Bach (1685-1750) y Georg Friedrich Haendel (1685-1759). Es difícil imaginarse mayor contraste entre dos personalidades: la vida de Bach, sumamente modesta, en reducidos ambientes, sin gloria ni fortuna y en un radio de acción que no excede de Alemania central, y la inmensa ambición de Haendel, su poderosa energía, su espíritu de luchador y triunfador, el dramatismo de una vida tan activa que abarca los extremos de Europa, Italia, Alemania e Inglaterra y los mayores centros musicales. En la obra de Bach (enumerando sólo algunas de sus composiciones más importantes) figuran más de trescientas cantatas, religiosas en su mayoría (aunque existen también otras e incluso humorísticas, como la famosa Cantata de café); dos grandes Pasiones: la Pasión según San Mateo y la Pasión según San Juan; tres oratorios (el de Navidad, el de Pascua y el de Ascensión); la Misa en si menor, un Magnificat a cinco voces y otras obras sacras. De suma importancia son sus obras didácticas; en El clave bien atemperado prueba por vez primera la validez de la atemperación, la subdivisión de la octava en doce semitonos iguales y la posibilidad de utilizarlos sin discriminación, creando, además, piezas brillantísimas y de honda belleza musical. En El arte de la fuga resume, al final de tan laboriosa vida, toda la sabiduría contrapuntística de su tiempo. Mencionemos, además, sus obras orquestales profanas, como los Conciertos brandeburgueses y numerosos conciertos para instrumentos solistas. Haendel comenzó como compositor de óperas al estilo italiano, primero en Hamburgo, luego en la misma Italia y finalmente en Londres, donde se radicó definitivamente. Pero algunos fracasos no debidos a su arte sino al tipo de música que cultiva (subrayado uno de ellos por el triunfo simultáneo de la curiosa Opera de los mendigos, de John Cay, que opone a los dioses y héroes de la ópera barroca figuras callejeras y de los bajos fondos metropolitanos), lo impulsan a componer sus grandiosos oratorios entre los cuales El Mesías (1741) es considerado principalmente como modelo del género. Escribió además la música orquestal, como los Concerti.

Nuevas Ideas y Nuevas Formas

Históricamente ubicados, tanto Bach como Haendel son los últimos representantes de generaciones anteriores. El primero de ellos ofrece postrer ejemplo de la polifonía y las artes contrapuntísticas; el segundo se manifiesta como maestro típicamente barroco y suntuoso. Ya la generación subsiguiente buscó rumbos totalmente nuevos, según lo prueban, entre otros, varios de los hijos del propio Bach, como Carl Philipp Emanuel Bach (1714-1788) y Johann Christian Bach (1735-1782). Hay que mencionar ante todo la poderosa evolución de los instrumentos de teclado y de la orquesta. En los primeros años del siglo XVIII, el italiano Bartolomeo Cristofori (1655-1731) inventó el piano, que superó largamente a todos sus precursores, haciendo posible la composición de amplias obras para este instrumento. Bach llegó a probarlo repetidas veces, pero sólo la siguiente generación se fue familiarizando con el nuevo invento.

Igualmente, importantes son los progresos en la orquesta. Éstos se deben principalmente a Johann Stamitz (1717-1757), excelente músico bohemo, director de la orquesta de la ciudad alemana de Mannheim. Fue el primero en ensayar efectos de crescendo y decrescendo con toda la masa orquestal, en vez de recurrir para los efectos de mayor o menor sonoridad al empleo de todos los músicos o al de varios solistas únicamente. Éste y otros adelantos técnicos hicieron posible la extensión de las composiciones orquestales, facilitando la creación do nuevas formas.

Se llega entonces a la época de la sonata, forma musical que desarrolla simultáneamente dos temas contrastantes y que además reúno varios movimientos muy diferentes en un solo ciclo. Al comienzo, la sonata tiene tres movimientos o tiempos, obedeciendo a la fórmula rápido lento rápido; pero pronto se incluye en tercer término un baile, preferentemente un minué. Esta forma se aplica no sólo a la propia sonata, es decir, a una obra para uno o dos instrumentos, sino también a conjuntos, creando así la sinfonía, el concierto y varios tipos de música de cámara, ante todo el cuarteto de cuerdas y el trío.