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Artistas

Dos grandes compositores argentinos

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ANDRÉ, José

Compositor y crítico. Nació en Buenos Aires, el día 17 de enero del año 1881. Dotado de precoz temperamento musical inició sus estudios en esta ciudad, en el Conservatorio de Música de Buenos Aires, con los maestros Alberto Williams y Julián Aguirre. Hacia 1907 dio a conocer algunas canciones de cámara notables por la justeza de expresión. De dicha época data asimismo la fundación de la revista “Música”, que realizó en colaboración con varios condiscípulos y cuya influencia artística resultó sumamente beneficiosa. En 1909, después de serle otorgada por concurso una beca de la Comisión Nacional de Bellas Artes, se trasladó a París e ingresó, junto con otros becarios argentinos, en la Schola Cantorum, dirigida por Vincent d’Indy, renombrado compositor y pedagogo francés, donde tuvo por profesores a los maestros Alberto Roussel, León Saint Réquier y Amadeo Gastoné, de quienes adquirió una sólida formación. Regresó a la patria en 1915, para consagrarse a la triple actividad de compositor, pedagogo y crítico musical. Se desempeñó como profesor de composición del Conservatorio Nacional de Música y Arte Escénico, cátedra de la que fue fundador, y ejerció desde las columnas del diario “La Nación”, una labor crítica eminentemente constructiva y orientadora a partir de 1923 hasta su muerte. También tuvo a su cargo la inspección general de música del Consejo Nacional de Educación. Figuró como uno de los miembros fundadores de la Sociedad Nacional de Música (hoy Asociación Argentina de Compositores), en 1915, de la que fue presidente. Inició su producción, con obras de expresión foránea, especialmente francesa, pero no tardó en modificar su estética, confiriendo a ésta un neto carácter nacional. Escribió canciones sobre poemas de Leopoldo Lugones. Su finísimo talento logró estilizaciones como las series de canciones de cámara Mensajes líricos (Premio de Ja Asociación Wagneriana) y El elogio de las rosas. Similar tendencia acusa su Quinteto criollo (Premio Municipal 1924), para piano y arcos, de rica escritura contrapuntística. De inconfundible fragancia indoamericana es su importante cantata Santa Rosa de Lima y comentario del poema homónimo de Pedro Miguel Obligado, para voz de soprano, clave o piano, y pequeña orquesta, partitura original, sólidamente estructurada y de profunda emoción, cuyo estreno en Paris. Bajo la dirección del maestro Alberto Wolff, originó elogiosos juicios críticos. En Impresiones porteñas, estampas sinfónicas de extraño y sabroso carácter, el autor utiliza los recursos orquestales con visión colorista de la música y real maestría técnica. La obra fue estrenada en 1929, por el prestigioso director Ernesto Ansermet, y luego incluida en el repertorio de los Conciertos Lamoureux de París. La producción vocal de José André está constituida por las siguientes melodías para piano y canto: Le ciel, La lune blunche, Simple paisaje, Luna llena, El encanto de la tierra, A ti única, Serenidad; décimas: Al pampero, de Pavón, Hueya, doce melodías sobre texto francés: La tapera, La tarde, Flor de curdo (de Mensaje lírico), Cunciones de Natacha, Rondas populares y Canciones infantiles, que integran una serie de exquisitas y tiernas canciones escolares; y Navidad, postrera página, con que el maestro iniciaba una serie de villancicos basados en poesías de Manuel Mujica Láinez. Entre otras obras figuran: un Lied, obra de juventud, para orquesta, tres piezas para piano, como asimismo la Sonatina, igualmente para piano, cuyo chispeante rondó “a lo Weber” es ingenioso y humorístico modelo de parodia musical. Mereció premios en varias oportunidades: obtuvo el Premio de Composición y Medalla de Oro del Conservatorio de Buenos Aires, en 1909; el Gran Premio Europa, en 1911, y el Premio de la Asociación Wagneriana de Buenos Aires, en 1919. Falleció en esta ciudad, el 13 de julio de 1944. 

AIETA, Anselmo Alfredo

Músico, director y compositor. Nació en Buenos Aires, el día 5 de diciembre del año 1896. en el barrio de San Telmo. Hijo de los inmigrantes Francisco Aieta y Rosa Cascardo fue el penúltimo de los once hermanos. Chico pobre, obligado a trabajar desde la infancia, aprendió el manejo del bandoneón gracias a la generosidad del Tano Genaso (Genaro Spósito) hombre de la Guardia Vieja, que le proporcionó una enseñanza elemental. Fue, en verdad, un autodidacta y un intuitivo. Comenzó su carrera en 1913 con un terceto que integraban Agustín Bardi al piano y Eduardo Monelos al violín en el café La Buseca, de Avellaneda. Actuó luego en el Café de Piedras y Cochabamba, pero después pasó en 1917a la orquesta de Rafael Iriarte que actuaba en los bailes del antiguo Luna Park de la calle Corrientes y con Eduardo Arolas en el café Botafogo. Para entonces ya había adquirido notoriedad al punto de recibir el justiciero apelativo del “brujo del bandoneón” que él lo revalidó triunfante en todos los bamios. En 1918 ingresó en la orquesta de Francisco Canaro, con quién permaneció hasta 1922. Después de tanto ambular resolvió formar un conjunto y hasta llegó a dirigir tres orquestas en el café El Nacional, el de sus grandes éxitos, el Germinal y Guarany. Se presentó luego con su conjunto “Los Ases” en el cine hindú. Carlos Gardel le grabó los siguientes tangos: Alma en pena. Bajo Belgrano, Carnaval. El huérfano. La mentirosa. La violeteru. Príncipe. Siga el corso, Prisionero. Viva la Patria y Tus besos fueron míos. Todos con letras de Francisco García Jiménez; de este poeta también se registró el vals Palomita blanca, con letra de Enrique Dizeo, compuso los tangos: Que fenómeno. Tun grande y tan zonzo y Primero campaneala, con Ginés Miralles el paso doble Trianera y con Santiago Adamini, Tras cartóin. Paulatinamente alejado de la actividad artística volvió a integrar un quinteto en 1954, para grabar discos con la casa T.K. Falleció en Buenos Aires, el día 25 del año setiembre de 1964, le otorgaron su nombre a una calle de Buenos Aires.