Musica
EL ORATORIO HANDEL

La grandeza de Händel estriba y se afirma en un terreno completamente distinto al de Bach. El infantil reparo de que Händel escribió una multitud de obras indiferentes, de las que careció la educada, pura y atrayente musicalidad de Bach, fué el motivo por que se atrajera un menosprecio que no se cuidaba de disimular, de parte, no sólo de los músicos, sino de verdaderos maestros. El mismo Bach, como Mozart y Beethoven, pensaron de otro modo, si bien Händel se encuentra colocado en significación histórica como personalidad musical, a tan exigua distancia de Bach, como… éste de la de Händel. Händel pertenece a los músicos que recién a una edad avanzada comprenden y cumplen su destino. Demuestra la misma temprana madurez que Bach, pero en tanto éste se dedica solamente a sus viajes de estudio artístico hacia el lejano Hamburgo, con el fin de enriquecer su acervo íntimo, se agitaba en Händel el impulso que, como músico y como hombre, lo llevaba en busca de mayores horizontes y una más amplia libertad. Hamburgo, luego Italia, convirtiendo su música original alemana, sana y fuerte, en la escuela de la verdadera, pura y clásica melodía, y finalmente Inglaterra, donde se encontraban las estaciones necesarias para el descenso de esta vida heroica y ambulatoria.
Su producción es extraordinaria en el terreno de la composición instrumental de la música solemne sacra, de gran estilo, pero sobre todo en la ópera, pues escribió en Londres, a pedido, cerca de treinta óperas italianas que son ya la escuela preparatoria para su creación original: el oratorio. El oratorio poseía ya, al apropiarse Händel de él, una larga y cautivante historia, tanto íntima como exterior. Era una creación específica de la contrarreforma romana y estaba destinada originariamente al objeto de batir con sus propios medios los encantos seductores del arte mundano. De lograr que la capilla se sujetara a sus devotos designios. Se adaptaba lo mismo, de acuerdo a las necesidades del idioma italiano o a las exigencias de una apostura más reservada, propia del idioma latino, a todas las formas del arte profano de los siglos XVI y XVII, en la serie en que se iban desenvolviendo: villanela, canzonetta, madrigal y, además: pequeña y gran cantata y concierto coral. Sus asuntos los heredó de los antiguos misterios cuyas historias y episodios del Viejo y Nuevo Testamento y de las leyendas sacras disponiéndolos en dos partes comprendiendo el sermón, unidos por la narración, pero a las que demás tarde forma dramática. Precisamente en la época de Händel se había utilizado ya el oratorio italiano, más o menos en reemplazo de la ópera sola, para la cuaresma católica, teniendo después, bajo las expertas manos de Carisimi, una temprana florescencia como coral latino.
En el llamado a la fantasía de los oyentes, en el estímulo y aspiración a una configuración musical más refinada, y sobre todo en el deseo de un empleo más rico de los coros, yacen precisamente las propiedades que prestaron, tomándolas de la ópera, sus particularidades estilísticas al oratorio. Händel llenó las exigencias del oratorio, que no surgen históricamente, sino que nacen de la fuerza original de su personalidad delicada y musical, apareciendo claro y definido. La mayor parte de sus oratorios más o menos dieciocho son sencillamente dramas ideales, cuya trama tiene por fundamento al pueblo judío; el destino del pueblo elegido, cuyos hombres, héroes o enemigos, son dibujados con una grandeza, sencillez y multiplicidad, una fuerza expresiva y hasta, oportunamente, con unos trozos humorísticos que sugestionan igualmente al gran músico, al maestro y al hombre más simple.
Lo que los florentinos soñaron alguna vez, antes de la innovación del drama antiguo, se ha realizado aquí, y un griego comprendería quizás de inmediato la posición y los propósitos del coro en el oratorio de Händel. Los dos oratorios que han cimentado mayormente la gloria de Händel se encuentran fuera de esta serie y son: “Israel en Egipto” y “El Mesías”. El Israel, como un poderoso oratorio coral que indica cómo un pueblo divino se torna histórico; “El Mesías”, que carece por completo de acción, y que soluciona de inmediato todo lo acaecido, apoyándolo en los sentimientos, representando cómo se cumplió sobre ese camino la oferta del cristianismo. Un tema libre con asuntos religiosos, al que únicamente se puede equiparar la misa en si menor de Bach, terminada muy poco antes que éste. Es muy grande la fuerza puramente musical y espiritual que se nota por todas partes en estas obras, especialmente en los coros, en los cuales se logra el más prodigioso efecto con los medios más elementales. Y, sin embargo, no estriba en esa fuerza la principal significación de la creación de Händel.
No se podría comprender de peor manera el oratorio de Händel que creyéndolo nacido en terreno sacro. Por el contrario, es la primera creación artística libre, que surge junto a la ópera, y en ella habla por primera vez una poderosa personalidad artística dirigiéndose a un público ideal, a un pueblo, y no ya, solamente, a una exigua comunidad. Händel cumplió aquí la labor preparatoria de lo que Beethoven debía terminar en el terreno de la sinfonía. Y sobre estas alturas, como conquistadores del estilo más elevado, se encuentran estos maestros fundamentalmente diversos. Con la representación de los oratorios de Händel, particularmente “El Mesías”, primeramente, en Inglaterra y luego en Alemania, se fortalece el acervo público musical; del arte sometido nace un arte libre que se dirige, no ya sólo a los entendidos, sino a todo el mundo.