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La música en el romanticismo

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En realidad, Mahler se encuentra en la línea divisoria entre el viejo y nuevo mundo. Corporiza en con trágica agudeza, el dualismo de la época, la supe relevación del sentimiento romántico y la naciente negación de ese sentimiento.

Los medios de esa negación son variados. Los más simples son la parodia del romanticismo, la trivialidad. En parodia va desde el chiste fácil hasta la perversión de la melodía clásica (no la clásica antigua), de los tradicionales principios de instrumentación. En música nueva está llena de escarnio, no sólo contra la sentimentalidad, sino contra el espíritu, sobre todo contra los sentimientos. Con su buscada trivialidad señala su menosprecio por el ingenio del Romanticismo, que juzga como una mentira. Y no es precisamente una casualidad que el músico que estuviera engolfado con más profundidad en ese Ingenio (“Noche esclarecida”. Gurrelieder), Arnold Schönberg, iniciara con los giros sublimizados por la trivialidad su desvío del pasado. La negación más vigorosa al desborde sentimental del Romanticismo es la grosería musical, manifestada claramente en el balle erótico y exótico.

Aun antes de la guerra europea (símbolo y crisis del desgarramiento íntimo del mundo) se introduce el tango en la música europea. El boston tiene muy pronto un papel destacado en el cuarteto de cuerdas de Pablo Hindemith. Fox-trot, shimmy, ragtime se tornan elementos de la música artística, hasta que, finalmente, el jazz, una orquesta orgiástica para balle, con el ritmo de la marcha apresurada, se convierte espantosa traición a toda la civilización musical de Occidente en el símbolo del sentimiento de la época. Pero aún en el jazz mismo vive una tardía nostalgia europea, que vibra por lo simple, bárbaro, primitivo, originarlo, y que se agita aún en forma múltiple en “la música nueva”, esa que Bussonl conduce por la campaña de lo exótico, con el deseo de velar y enmascarar, rodeando con esa especie extraña, su humanismo. La que produce en los otros el encadenamiento del ritmo, el aturdimiento del sonido, el asesinato de los ornamentos musicales. 

Pero no la que revive la emoción única del alma y el cuerpo y la embriaguez y la excitación del bárbaro verdadero. Todos los elementos estilísticos de lo barbárico, trivial, mecánico y pervertido, se encuentran, en su conjunto, en Igor Strawinsky, que es, ciertamente, en su refinamiento, mucho más bárbaro, en la misma medida que es más francés que ruso. También él, con muchos otros, en Alemania, sobre todo Pablo Hindemith, buscó, por último, un contacto con el puro lenguaje musica1 de Bach o con la música juguetona de Pergolessi. Sólo al húngaro Bela Bartok le fue dado, tal vez, lograr una síntesis, conseguir el dominio del error y la conciliación en un lenguaje artístico. Pero junto a este éxito se retrae la “música nueva” hacia una música lejana, falta de emotividad e ilustración, hacia la expresión “gótica”. Hasta caer en lo abstracto, con lo que se siente ligada a la Edad Media, deseando conseguir por ese medio la verdadera “espiritualidad”. Es ésta, sobre todo, la fórmula alemana de la nueva música. Ella se encuentra, en principio, en el Schönberg de los años maduros, cuya música se ha tornado, en su abstracción, sencillez y sociabilidad, casi incontrolable. Y sobre esa nueva base debe convertirse en realidad, como en la música mecánica, el ideal de Hanslick: “der tonend bewegten form” (la forma sonoramente mecida).

Toda esa negación, toda esa biliosidad después de la orgía del Romanticismo junto al que se expande aún el flujo de la música meramente imitativa, y se acuña el blando ascetismo del “movimiento juvenil” musical, es sólo una transición, quizá un paso necesario. Hacia dónde conduce, no lo sabemos. Lo seguro es que nos hallamos en el fin de otro capítulo y que la música ha llegado al fin de la primera, más juvenil y hermosa fase de su desenvolvimiento. Pero lo que no es seguro es que consiga su “salvación” en el retorno al pasado, en el intento de volver a encontrar otra vez el período de su inocencia. Debemos ahora buscar el camino hacia una nueva simplicidad y verdad; debemos pasar de la ironía al humor, de la caricatura al cuadro real y verdadero; brevemente expuesto: está latente el deseo de salir de la negación para lograr una posición definida. Si la música posee aún un porvenir, éste se halla en el camino de una nueva humanización de sus medios y de su espíritu.