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La música a mitad del siglo XIX

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En cuanto a música directamente se refiere, la primera mitad del siglo XIX contempló el esplendor de la música romántica, que tuvo en el piano su instrumento más representativo, y conoció la obra de uno de los mayores genios de la música de todos los tiempos, Ludwig van Beethoven, que se ha considerado figura puente entre el clasicismo dieciochesco y la nueva estética del romanticismo. Los músicos románticos desarrollaron una obra profundamente expresiva y emocional, enriquecida con la aparición de nuevas formas instrumentales y con el creciente protagonismo de los solistas. Asimismo, la ópera cobró un fuerte impulso, gracias al auge de las escuelas alemana e italiana, despegándose de la temática grecolatina dominante hasta la fecha y buscando inspiración en las leyendas e historias nacionales como resultado de la implantación de la ideología romántica y del triunfo de algunas revoluciones nacionalistas. La música de la primera mitad del XIX, vinculada en su mayor parte a la corriente estética romántica, halla su representación en la serie de artículos.

El interés creciente que el romanticismo había despertado entre los compositores por el folclor autóctono y las formas y temas populares, desembocó en la segunda mitad del XIX en una nueva corriente artística, que incluso proseguiría en las primeras décadas de la centuria siguiente, conocida como nacionalismo musical. Hasta entonces los grandes focos de la música contemporánea habían sido Italia, Francia y Alemania, que contaban con una tradición centenaria; sin embargo, el nacimiento de nuevos países tras las revoluciones de 1830 y 1848 y la difusión del espíritu nacionalista, alimentado por la revolución francesa y las campañas napoleónicas, fomentó la toma de conciencia nacionalista, lo que se tradujo en la recuperación de las tradiciones musicales y en la plasmación de los rasgos autóctonos y diferenciadores. El público, acostumbrado a la importación de la música italiana, francesa o alemana, tardó algún tiempo en aceptar las renovaciones musicales ofrecidas por los compositores nacionalistas, pero pronto descubrió en este movimiento el reflejo cultural de sus reivindicaciones políticas frente al dominio de algunos imperios históricos. Esta corriente musical, que se extendió con diferentes peculiaridades desde Rusia a la península ibérica, pasando por el norte y centro de Europa, se encuentra ampliamente representada en el conjunto de artículos. Las primeras reacciones contra la música decimonónica se articularon desde la llamada música impresionista, así denominada por sus similitudes estéticas con la corriente pictórica. Dicha reacción fue el preludio de una incesante sucesión de corrientes musicales vanguardistas que, a lo largo del siglo xx, han buscado cauces de expresión muy variados.

Desde principios de siglo, la cultura occidental conoció una vertiginosa serie de manifestaciones vanguardistas con evidentes ansias de ruptura con los moldes del pasado y la búsqueda de un nuevo lenguaje más acorde con lo que prometía ser la época contemporánea. La música no podía quedar al margen y en las primeras décadas vivió una simbiosis con las artes plásticas que fructificó en extraordinarios espectáculos musicales. Pero la renovación musical fue aún más lejos y llegó a afectar directamente a las formas clásicas hasta entonces imperantes. La máxima innovación vino de la mano de la música dodecafónica, que prescindía del tradicional sistema de notación para jugar con las infinitas combinaciones matemáticas de doce sonidos. Con esta innovadora concepción musical, Arnold Schoenberg, su principal artífice, inauguraba una prometedora etapa de la música contemporánea. El carácter complejo y vanguardista de la música de la primera mitad del siglo xx, donde confluyen las tendencias clasicistas y nacionalistas del pasado con las nuevas corrientes rupturistas.

El hecho más representativo del siglo xx ha sido la total diversificación de la oferta musical, hasta ahora vinculada a las manifestaciones populares o a las composiciones clásicas, debido, sobre todo, al fulminante desarrollo de los modernos medios de comunicación los más media, a la perfección de los sistemas de grabación y reproducción del sonido sobre todo los discos, a la proliferación de los espectáculos y las formas de ocio del hombre contemporáneo, y al auge de la música popular, con un público joven, numeroso y entusiasta. En otro sentido, tras la segunda guerra mundial adquirieron mayor protagonismo los fenómenos rupturistas que se habían iniciado con la música dodecafónica, lo que posibilitó la incorporación al universo musical de todo tipo de sonidos y ruidos aportados por la naturaleza o por procedimientos artificiales, en lo que se denominó música concreta. Esta modalidad musical abría, obviamente, unas increíbles perspectivas a la música contemporánea, hasta entonces reducida a un consabido esquema de sonidos armónicos relacionados con unas escalas musicales predeterminadas.

El triunfo de la técnica ha llevado aún más lejos estas innovaciones al permitir la creación de nuevos instrumentos musicales de efectos sonoros enriquecedores o la manipulación de los sonidos ya existentes mediante sofisticados sistemas electrónicos. Otras tendencias contemporáneas, como la música aleatoria o la música estadística, no hacen sino ratificar la evolución musical del siglo xx en su intento por desvincularse de las tradiciones compositivas del pasado.