Tendencias
Los Impresionistas en la música

Esta nueva tendencia es quizá la última consecuencia de un Romanticismo tardío; se esfuman los contornos; acordes y ritmos pierden toda dureza y agresividad; un dulce sueño parece envolverlo todo. El gran maestro del impresionismo es Claude Achille Debussy (1862-1918); escribe una música fina, sensual, nostálgica, que significa una muy avanzada descomposición de la melodía, la armonía e incluso los ritmos tradicionales. Sus obras principales son: la ópera Pélleas et Mélisande, los poemas sinfónicos La siesta de un fauno y El mar, piezas pianísticas y de cámara, el misterio Martirio de San Sebastián, etcétera. Aunque Debussy, por su carácter individualista y su voluntario aislamiento, no formó escuela propiamente dicha, el impresionismo se difundió mundialmente. Entre sus compatriotas figuran junto a él Gabriel Urbain Fauré (1845-1924), Henri Duparc (1884-1933) y Paul Dukas (1865-1935), autor del famoso poema sinfónico El aprendiz de brujo. Ravel, Falla y Stravinski pasan, en sus años jóvenes, por períodos impresionistas; el norteamericano Edward Mac Dowell (1861-1908) lleva esta tendencia a su tierra. En Italia, el más importante sinfonista del país hasta aquel momento, Ottorino Respighi (1879-1936), halla en este estilo la adecuada expresión para sus coloristas estampas musicales Las fuentes de Roma y Los pinos de Roma. Cerca del impresionismo se halla Aleksander Nikolaievich Scriabin (1872-1915), compositor ruso de perfiles tan propios como interesantes. Entre sus obras orquestales se cuentan Poema del éxtasis y Prometeo; entre las pianísticas, algunos estudios. Su Prometeo fue interpretado en Nueva York con ayuda de un piano de luces invento del inglés Rimington que proyectaba sobre una pantalla colores equivalentes a las tonalidades de la composición.
El Verismo Operístico
Al mismo tiempo que un gran grupo de músicos, pintores y poetas buscaron en el impresionismo la salida de un Romanticismo en decadencia, otros querían retrotraer el arte hacia el naturalismo. Así nació en el arte lírico el verismo, tendencia que toma sus argumentos de la propia vida y los trata con el mayor realismo posible. Esta tendencia se anunció ya en La Gioconda, de Amilcare Ponchielli (1834-1886),y alcanza su punto culminante en Ruggiero Leoncavallo (1858-1919), creador de Los payasos; en Pietro Mascagni (1863-1945), quien con El amigo Fritz,Iris y Nerón no pudo repetir el triunfo mundial de su Cavallería rusticana; en Umberto Giordano (1867-1948),autor de Andrea Chénier. Giacomo Puccini (1858-1924), el más fuerte talento de la ópera italiana posterior a Verdi, supera el puro verismo en la creación de varias obras maestras como La Bohème, Tosca, Madame Butterfly y la póstuma Turandot; escribió, además, Gianni Schicchi, una de las mejores comedias musicales de todos los tiempos.
EL SIGLO XX. Los Continuadores
En una época tan variable y multiforme como el siglo xx es muy difícil establecer líneas de evolución mientras ésta va desarrollándose. Hay compositores que se sienten fuertemente ligados con la tradición, y otros que tratan de innovar en el arte, de acuerdo con las revoluciones sociales y filosóficas de su tiempo. Entre quienes no pierden contacto con el pasado figura Richard Strauss (1864-1949), a pesar de la etapa revolucionaria que denota su arte al crear las óperas Salomé y Electra. Pero luego Strauss no da el último paso que lo separaría definitivamente de la tradición; muy por el contrario, vuelve por los fueros de la melodía y la armonía postrománticas y casi neoclasicistas. Compone El caballero de la rosa, Arladna en Naxos, La mujer sin sombra y otra larga serie de óperas valiosas. En el campo sinfónico sus poemas orquestales (entre otros, Don Juan, Don Quijote, Till Eulenspiegel, Muerte y transfiguración) han conquistado un lugar prominente en el repertorio mundial. Son destacables, asimismo, muchos bellos lieder. Joseph Maurice Ravel (1875-1937) es igualmente, a pesar de sus innovaciones, más bien un tradicionalista. Se libera del estancamiento impresionista gracias a la influencia del ballet ruso y su genial creador, Diaghilev; Ravel descubre el poder del ritmo (incluso del jazz). Su comedia musical El niño y los sortilegios, su ópera ballet La hora española, sus ballets Mi madre la oca y Dafnis y Cloe, el poema coreográfico La valse y su famoso Bolero lo prueban claramente. Merecen ser citadas además su música de cámara, sus canciones y las obras para piano (entre éstas dos conciertos). Algunos de los compositores que pertenecen a este grupo ya han sido citados con anterioridad; tal es el caso del finlandés Sibelius y el alemán Pfitzner, cuyas largas vidas los colocan en épocas musicales muy diferentes. Debe mencionarse también al alemán Max Reger (1873-1916), quien busca una línea moderna basándose en las artes contrapuntísticas del pasado.