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Evolución del Jazz

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En forma casi paralela a la tendencia modernista, pero situado estéticamente en el polo opuesto de ésta, surgió un saludable movimiento que busca el reverdecimiento del jazz a través del cultivo de sus recursos prístinos. La música emprendió entonces una provechosa marcha atrás en busca de las raíces de la escuela de Nueva Orleáns. Como consecuencia de este movimiento neoclásico, diversos cultores del jazz, olvidados por una crítica injusta o mal informada, han retornado al plano de la actualidad. Dicha tendencia ha conducido asimismo a exámenes más detenidos de aspectos del arte sincopado de las décadas pasadas, anteriormente estudiados con premura o descuidados por completo. Y también ha insistido acerca de enjundiosas expresiones del subsuelo del jazz, como los blues y el arte folklórico afro estadounidense en general.

Desde entonces, en Nueva Orleáns el jazz ha recobrado su importancia. En la actualidad, artistas veteranos y jóvenes creadores que han sabido perpetuar una antigua y saludable tradición estética, rivalizan en sus expresiones del más puro cuño clásico.

El jazz está hoy definitivamente aceptado, no sólo como una creación folklórico popular de singulares relieves, sino también como un notable aporte a la órbita de la música universal. Este aporte no puede ser desconocido, como lo prueba la generosa bibliografía que se ha elaborado en torno del mismo, la elección de tal tema para tesis universitarias, la formación de un museo de jazz en Nueva Orleáns, y los cursos que sobre la materia se dictan en colegios y universidades de Europa y de América. La utilización por músicos “cultos” de temas melódicos emanados de fuente folklórica y popular, no constituye un derrotero privativo de la música de nuestro tiempo. En todas las épocas en todas las latitudes los compositores han recurrido al venero artístico del pueblo, con el propósito de refrescar su inspiración y eludir la esterilidad. En este sentido, el jazz no podía constituir la excepción. Por el contrario, sus recursos han atraído en forma casi absoluta a todos los compositores contemporáneos de las más diversas tendencias estéticas.

Después de los experimentos realizados por Dvorak, Frederick Delius, Louis Moreau Gottschalk, Debussy y otros músicos académicos, encauzados hacia la búsqueda de una renovación estética mediante el empleo de ritmos, de temas melódicos y de timbres de la música afroamericana, no pocos compositores se lanzaron tras las huellas del jazz para probar fortuna con la utilización de sus recursos en obras de mayor aliento. En 1918, con la llegada al Viejo Mundo de las primeras ráfagas del jazz, Igor Stravinski penetró de lleno en la órbita del arte hot con su famoso Ragtime para once instrumentos, La historia del soldado, Piano Rag Music, la ópera bufa Mavra y, más recientemente, su Ebony Concerto, escrito especialmente para el clarinetista de jazz Woody Herman, quien luego correspondió a su atención dando el título de Igor a una de sus composiciones. De los componentes del famoso grupo de los seis, ninguno desdeñó el empleo del jazz. Por su parte, Ravel no permaneció ajeno a este movimiento. De su interés jazzístico nacieron el foxtrot inserto en su fantasía lírica El niño y los sortilegios; el blues de su Sonata para violín y piano; el Concierto en sol mayor, para piano y orquesta; el Concierto en re mayor para la mano izquierda, para piano y orquesta, y aun su Bolero, que, según se asegura, le fue sugerido por una improvisación del clarinetista negro Jimmie Noone.

Una vez que el jazz se introdujo en el ambiente artístico europeo, su influjo se extendió a través de toda la música contemporánea del Viejo Mundo. Como repercusión del movimiento jazzístico de los músicos europeos, los compositores estadounidenses, que hasta entonces sólo habían glosado los negro spirituals y otras ramas de la música vocal afronorteamericana, comenzaron a beber en la fuente del jazz. Era al promediar la década de 1920. Hoy es interminable la lista de músicos que se han inspirado en este género, desde Edward Burlingame Hill, John Alden Carpenter, Deems Taylor, Ernest Bloch y Robert Braine, hasta Aaron Copland, William Grant Still, George Antheil y Louis Gruenberg. Presenta George Gershwin un caso totalmente distinto, pues había penetrado en los dominios de la música de escuela por la puerta de la canción popular, del tema intrascendente de la comedia musical, y logró escalar la fama con una producción de características muy personales. Entre los compositores estadounidenses que mejor captaron el lenguaje del jazz, merece especial mención Robert Mac Bride, que hizo su aprendizaje como clarinetista en orquestas del género, y a quien se deben páginas tan interesantes como Go Choruses, Jingle Jangle y Swing Stuff, todas ellas de acento e intención claramente jazzísticos. Pero es en el Quinteto para oboe y cuerdas donde su idioma se identifica mejor con el jazz. especialmente por los esfuerzos que realiza el compositor para captar el timbre y la flexibilidad rítmica de la música sincopada, dentro de las exiguas posibilidades que le brinda el instrumental empleado.