Escena
Conciertos

El origen de los conciertos debe buscarse en la actuación de troveros y trovadores en las fiestas de la corte, en los cortejos, en las procesiones y en los festejos populares de la Edad Media. Sin embargo, los primeros conciertos regularmente organizados se celebraron en París, en la Academia que fundó en 1570 el poeta y compositor Jean Antonine Baif (1532-1589). Tuvieron una corta vida, siendo reemplazados, en el siglo XVII, por tentativas individuales, igualmente efímeras. Los maestros, como se denomina a los mejores intérpretes de la música, daban conciertos en sus propios domicilios, con el fin de fomentar su práctica, y pronto los aficionados ricos consideraron de buen tono la celebración en sus casas de reuniones periódicas, con intervención de algún músico. El 18 de marzo de 1725, en una de las salas del palacio de Las Tullerías, de París, fueron inaugurados los famosos Concerts Spirituels, fundados por Anne Danican Philidor (1681-1728), cuyas sesiones se extendieron hasta los mismos días de la Revolución Francesa. Su repertorio, durante ese largo lapso de más de sesenta años, lo integraban obras vocales e instrumentales compuestas por maestros franceses y extranjeros. Sus sesiones sirvieron de modelo a las academias de provincias y su éxito hizo nacer, en París, hacia 1775, una empresa rival: el Concierto de los Aficionados o Concierto de la Galería Olímpica. Durante la Revolución el público parisiense frecuentó el Concierto de la calle Clery, acudiendo también a menudo a escuchar las interpretaciones dadas por los alumnos del Conservatorio, ocasiones en las que se ejecutaron por primera vez algunos fragmentos de las sinfonías de Beethoven. En 1828 se celebró la primera sesión de la Sociedad de Conciertos del Conservatorio, con la dirección de su fundador, el violinista y compositor francés, de origen alemán, François Antoine Habeneck (1781-1849), ofreciéndose en tal oportunidad la Tercera Sinfonía, de Beethoven, conocida por Heroica. La calidad de sus conciertos colocó a esa institución en un lugar destacado, teniendo sucesivamente como directores a Jean Girard, Théophile Tilmant, François Hainl, Edouard Deldevez. Claude Paul Taffanel, Eugéne Marty y André Messager, entre otros. En el siglo XIX se produjeron nuevas tentativas para constituir sociedades similares, formándose la de los Jóvenes Artistas, la de Santa Cecilia y muchas otras menos destacadas. Desde su construcción, en 1878, la Sala de Fiestas del Trocadero fue lugar preferido para la celebración de muchos festivales y conciertos de órgano. Junto con éstos, los conciertos de la Schola Cantorum desarrollaron el gusto por las audiciones de carácter histórico, educando y preparando al público que, más adelante, habría de formar parte de sociedades como la de Bach, la de Haendel y la de Instrumentos Antiguos. La influencia de los conciertos en la vida musical fue creciente, tanto en las más importantes naciones del resto de Europa como en América.
En Italia se realizaron al principio en las iglesias, hospitales y orfanatos; posteriormente, al crearse los conservatorios, cada ciudad importante de la península tuvo brillantes instituciones sinfónicas o corales. Los conciertos del Conservatorio de Bruselas, con la dirección de François Auguste Gevaert (1828-1908), famoso compositor y musicólogo, tuvieron trascendental importancia para la vida musical de Bélgica. Gran Bretaña tuvo también elevado número de sociedades y empresas de conciertos, entre las cuales sobresalen la Academia de Música Antigua, de Londres; la Sociedad Filarmónica y los Conciertos del Palacio de Cristal. En Alemania y Austria surgieron importantes instituciones, como la Sociedad de los Amigos de la Música, en Viena; la Academia de Canto, en Berlín, y el Gewandhaus, en Leipzig. España, por su parte, dio nacimiento, entre otras, a dos importantes instituciones: la Orquesta Sinfónica de Madrid, que tuvo por director al compositor Enrique Fernández Arbós (1863-1939), y el Orfeó Catalá, de Barcelona, conjunto de música vocal, fundado y dirigido por el maestro Luis Millet (1867-1941).
Es destacable, asimismo, la labor desarrollada por las orquestas radiales europeas: BBC, de Londres; de Hamburgo, Baden Baden, Colonia, Múnich (Alemania); Zurich (Suiza); Turín (Italia), etcétera. La actividad musical es intensa también en América, cuyas principales ciudades rivalizan con las europeas en la organización de grandes conciertos sinfónicos, de cámara o vocales. Por lo que respecta a los Estados Unidos, cabe destacar a las orquestas sinfónicas de Filadelfia, Chicago, San Francisco, Cleveland, Los Ángeles, Boston, Columbia, Oklahoma y Detroit, así como a la orquesta de la Opera Metropolitana de Nueva York, la sinfónica de Hollywood Bowl, la Boston Pops, la sinfofilarmónica de Nueva York y las de la National Broadcasting Company y de la R. C. A. Víctor. Puede considerarse a Buenos Aires como el centro de las manifestaciones musicales de América latina. Entre sus numerosas orquestas sinfónicas cabe destacar la Nacional, la Filarmónica de Buenos Aires, la del teatro Colón y la de la Sociedad de Amigos de la Música. Por el teatro Colón, mundialmente famoso a causa de su tradicional aportación a la vida musical y artística de los países americanos, han desfilado y desfilan anualmente al margen de las funciones de opera propias de dicho teatro los más celebrados directores de orquesta, instrumentistas y solistas, nacionales y extranjeros. Merece señalarse, asimismo, la notable labor de la Asociación Wagneriana, con sus anuales series de conciertos de la más diversa índole; la Sociedad Amigos de la Música, y los conciertos gratuitos de la Radio Nacional. Existen varias orquestas sinfónicas e instituciones musicales en las provincias argentinas: Rosario, Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Mar del Plata, Tucumán, etcétera. Otras orquestas americanas de importancia son: la Sinfónica de México, la Filarmónica de La Habana y las sinfónicas nacionales de Lima, Caracas, Montevideo, Río de Janeiro, Santiago de Chile, Costa Rica, Bogotá, Panamá, Guatemala y el Salvador. Muchas otras se hallan en estado de fundación, con perspectivas halagüeñas.