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La gran figura de la opera

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Pronto surgió una gran figura de la ópera: Claudio Monteverdi (1567-1643), a quien puede considerarse como primer clásico del género, un genio dramático y un maestro de la orquesta. Creó una serie de obras notables, desde Orfeo (1607) y Ariadna (1608) hasta La coronación de Popea (1642). Con todo, la ópera aún difería mucho de su forma actual. Tenía muy poca acción y abundaba en largos parlamentos que la convirtieron más bien en cuadro estático. Sólo pudo ser comprendida y gozada por una élite espiritual. Sin embargo, contaba con suficientes elementos teatrales para convertirse en espectáculo grato a las masas. La ópera pasó por distintas y sucesivas etapas, extendiéndose a Roma y a Venecia, hasta que en esta última ciudad se alcanzó el gran acercamiento entre el pueblo y el nuevo género, con la habilitación, en 1637, del primer teatro lírico del mundo.

Este contacto con el público (término nuevo entonces y de gran trascendencia) cambió la forma de la ópera, aligerándola y haciéndola más popular y melodiosa, en el sentido de facilitar la retención de su música. Nació la ópera cómica o bufa y se crearon las arias, con lo que el predominio del cantante se acentuó cada vez más. Entre los muchos compositores de aquella época deben ser citados Francesco Cavalli (1602-1676) y Marco Antonio Cesti (1623-1669), ambos representantes de la escuela veneciana; Alessandro Scarlatti (1649-1725), fundador de la ópera napolitana, entre cuyos máximos creadores figura el malogrado Giovanni Battista Pergolesi (1710-1736), cuyo recuerdo perdura por su ópera bufa La serva padrona, y un Stabat Mater para voces femeninas.

Al mismo tiempo que la ópera, nació el oratorio; ambos tienen raíces comunes en el teatro medieval, y al comienzo no se diferenciaron mucho. Pero poco a poco y a medida que la ópera adquiere mayor teatralidad, el oratorio va limitándose a una forma estrictamente de concierto, renunciando a decorados y trajes. Sin embargo, conserva el dramatismo de la trama y la caracterización musical de los personajes. Entre los primeros compositores de oratorios se destaca Emilio del Cavalieri (1550-1602), cuya obra principal, Rappresentazione di anima e di corpo, data de 1600, y Giacomo Carissimi (1605-1674), autor de los oratorios Jephte, El juicio de Salomón, Baltasar, Jonás, Job, El diluvio universal, etc. Se volverá a tratar del oratorio al referirnos a Haendel, cuyas obras dramáticas se pueden considerar formas intermedias entre oratorio y ópera. El mismo dualismo reaparece en el siglo XX, por ejemplo, con las composiciones de Honegger.

Apogeo de la Música Instrumental 

Hasta el siglo XVII la única música instrumental propiamente dicha fue la de órgano; el rey de los instrumentos como ha sido llamado ya produjo virtuosos a partir del siglo xv. Pero la mayor parte de la música fue o puramente vocal, o vocal con acompañamiento de algunos instrurenombre a este respecto. En Brescia actuó, entre otros, Gasparo da Saló; en Cremona, Antorlo Stradivari, y las familias de Amati y Guarneri Más allá de los Alpes fueron famosos los luthiers de Tirol (Jakob Stainer), de Absam y de Mfitterwald. Finalmente, la brillante evolución de los instrumentos de teclado inició la era de los clavementos. Y ya en el siglo XVII las condiciones técnicas de los mismos habían avanzado hasta el punto de que la música puramente instrumental pudiera ser de interés. Entre los primeros instrumentos utilizados para la ejecución de solos, figura el laúd, de procedencia oriental e introducido en Europa por los árabes; en España fue muy usada la vihuela, de origen y características parecidos. A mediados del siglo XVI se desarrolla la forma del violín, que con distintas variantes se aplica a toda una larga serie de instrumentos de bella sonoridad, muchos de ellos olvidados actualmente.

Los luthiers como se llamaba a los constructores de instrumentos de cuerda adquieren una técnica admirable, y con su paciencia de magníficos artesanos crean violas, violines y violoncelos de maravillosa sonoridad. Dos ciudades italianas, Brescia y Cremona, alcanzan extraordinario cinistas, primero, y de los pianistas, después. Entre aquéllos destaca la escuela francesa capitaneada por François Couperin (1668-1733), y la escuela italiana, cuyo representante máximo fue Domenico Scarlatti (1685-1757), hijo de Alessandro. En Alemania hallamos en esta evolución los nombres de Bach y de Haendel. Las primeras formas puramente instrumentales fueron fugas y otras similares; luego, danzas sueltas, que, con el tiempo, se reunieron en suites. Estas suites, nacidas aproximadamente al empezar el siglo XVI, fueron muy usuales y celebradas en los dos siguientes. En ellas intervenían diferentes danzas: pavana, gallarda, alemana, courante, zarabanda, giga, gavota, paspié, branle, minué. bourrée, rigodón, furlana, siciliana, etc. Además del nombre de suite existen el de partita y usado por François Couperin ordre. En Italia surgieron en la segunda mitad del siglo xvII grandes compositores instrumentales a los que se debe el primer apogeo de la música orquestal y de cámara. Son ellos Arcangelo Corelli (1653-1713), uno de los primeros cultores de la forma del concierto; Antonio Vivaldi (1675? -1743?), Giuseppe Tartini (1692-1770) y varios otros maestros de noble inspiración y notable técnica en el manejo de conjuntos instrumentales. Mucho deben a ellos Bach y Haendel, dos de los genios máximos del arte musical.