Sociedad y Cultura
Compositores y oradores

CASTELLANOS, Joaquín
Político jurisconsulto, orador y poeta. Nació en Salta. A los pocos meses perdió a su madre y 21 de abril de1861. Desde adolescente rio donde completo destacase por sus condiciones de poeta. Obtuvo su primer Certamen rosarino. Poco después publicó La leyenda argentina participó en política. Actuó al lado de los rebeldes porteros recibió una herida que le afectó para siempre en Buenos Aires, el 12 de octubre de ese año, mereciendo el premio de honor con El viaje eterno, bellísima composición que fue publicada en folleto. Es una composición dice “La Prensa”, primorosamente concluida, que recuerda en ciertos momentos los arranques de Andrade y la virilidad de Mármol. El joven Joaquín Castellanos, agrega el diario, ha probado con ese canto que en él hay fibra de poeta e inspiración de artista. Se halló en las revoluciones de 1880 y 1893, al tiempo que ejerció el periodismo. Dirigió “El Argentino” órgano del movimiento radical, y pronunció sus vibrantes arengas en el teatro Onrubia y Frontón Florida. Estuvo al lado de Leandro N. Alem y fue desterrado a Montevideo. De esa época es El borracho, su compasión más conocida (titulada después El temulento). A su regreso publicó Ojeadas literarias. Reanudó sus estudios en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires, donde se doctoró en leyes con la tesis Cuestiones de Derecho Público. Fue el primer profesor de historia argentina y de literatura americana en la Facultad de Filosofía y Letras, de 1897 a 1909. Luego fue ministro de gobierno de Bernardo de Irigoyen (1898), dictó cátedras secundarias en La Plata, años antes había hecho lo misio en la Escuela Normal de Catamarca y Colegio Nacional de Jujuy. En 1900, se lo eligió diputado al Congreso de la Nación donde participó en la ley de servicio militar y en diversos debates y proyectos. Todo ello, mientras seguirá su tarea periodística y literaria. En 1909, viajó a Salta y organizó el Partido ampliamente el Viejo Mundo. Por tercera vez fue diputado Morativas del centenario de la muerte de Martin de Güemnes su mandate a causa de la crisis que su posición en la época del movimiento de la Reforma. Fue profesor de enseñanza secundaria en el Colegio Monserrat de Córdoba (191920), y luego se trasladó a Rosario por haber sido designado profesor de la Facultad de Ciencias Matemáticas. Fisicoquímicas y Naturales de la Universidad Nacional del Litoral, donde dictó primeramente la cátedra de Mineralogía, después la de Fisiografía, Mineralogía y Petrografía hasta 1951, en que cesó en sus funciones. Fue miembro del Consejo Directivo de esa Facultad (1922-24, 1927-29 y 1948-50) y Delegado al Consejo Superior Universitario (1934-44).
En 1936, fundó y dirigió hasta 1951, el Instituto de Fisiografía y Geología. En colegios secundarios de Rosario desempeñó cátedras de mineralogía y geología, geografía, química, botánica y zoología. Perteneció a numerosas entidades científicas del país y del extranjero, al Instituto Internacional de Antropología con asiento en París, Societé de Americanistas, de aquella capital, de la American Antropológica Asociación, de San Francisco de California (EE.UU.); Instituto de Estudios Superiores de Montevideo, Sociedad Portuguesa de Antropología y Etnología de Porto, Sociedad Geográfica de Lima, Sociedad Linarense de Historia y Geografía de Chile. etc. Fue redactor de la Revista de la Universidad de Córdoba (1923); colaborador de la Revista argentina de zoogeografía, de Buenos Aires; de Die Erde, de Zurich, etc. Obtuvo Premio Municipal a la Producción científica correspondiente a las Ciencias Naturales (1940). Entre sus trabajos figuran: Florentino Ameghino, contribución al conocimiento de su producción científica (1916); Observaciones (1918);La presencia; Ciervos vivientes y extinguidos de la República Argentina (1924); La familia primitiva (1925); Breves notas sobre los Clamidoterios (1926); Qué es la evolución (1928); La existencia del hombre fúsil en la Argentina (1928);Deformación artificial de un cráneo humano fúsil de la Argentina(1928); El proceso de humanización (1928); Gliptodontes del género (1929); Nuevos restos del hombre Júsil (1931); El hombre prehistórico en la provincia de Córdoba (1934); Breve reseña; Ameghino; Nuevos restos del hombre fósil; Antigüedad geológica del yacimiento de los restos humanos de la Gruta de Candonga (Córdoba),Anotaciones preliminares : El árbol genealógico de los seres (1944): Una nueva especie del valle de los Reartes (1951):etc. Falleció en Rosario en 1975.
CASTILLO, Cátulo
Músico, compositor, poeta, profesor, dirigente y funcionario. Nació en Buenos Aires, el 26 de agosto de 1906.Seudónimo de Ovidio Cátulo González Castillo. Fue hijo de José González Castillo, dramaturgo, sainetero, de enorme prestigio, pero ácrata, cuyas convicciones lo llevaron al destierro a Chile, donde Cátulo comenzó la escuela primaria. Radicados en Boedo, allí estudió de niño algo de música con el maestro Cianciarullo, y continuó durante muchos años hasta llegar a dirigir conjuntos antes de lanzarse a la composición literaria. También tuvo tiempo para dedicarse al boxeo como amateurs y profesional. A los 17 años, compuso la primera parte de Silbando, le pidió a Sebastián Piana que compusiera la segunda, a su padre le pidió la letra y a Gardel, que lo cantara. Luego en 1924, compuso Organito de la tarde, conversos de su padre, que obtuvo el tercer premio en el primero de los concursos organizados por Max Glucksmann, siendo estrenado por Azucena Maizan y rápidamente se convirtió en un clásico. Muy pronto advirtió que el estudio debía acompañar a la inspiración, se inscribió en el Conservatorio Municipal de Música, donde recorrió un brillante itinerario que culminó cuando fue designado director de ese establecimiento y creó la cátedra de Bandoneón, que confió a Pedro Maffia. Por entonces, compuso gran número de tangos para letras ajenas: El circo se va (1925), Aquella cantina de la ribera (1926); La violeta (1929), Corazón de papel (1930), Música de calesita (1930), El aguacero (1931). En 1928, formó una orquesta integrada por los tres hermanos Malerba (Carlos, Alfredo y Ricardo), y Miguel Caló y el cantor Roberto Maida. Con ella, se presentó en varios países de Europa y de África del norte. Después de la muerte de su padre acaecida en 1937, fue abandonando la composición musical para responder a su admirable inspiración poética. A esta segunda época corresponden composiciones memorables: Tinta roja (1941, música de Sebastián Piana), María (1945), Patio mío (1951), El patio de la morocha (1951); Una canción (1953) y esa pieza singularísima en la que el tango canción parece alcanzar el cenit: La última curda (1956), al igual que las anteriores, música de Aníbal Troilo. Uno de sus éxitos postreros fue El último café, música de Héctor Stamponi, con el que ganó el certamen organizado por la firma Odol en 1963.“La poesía de Cátulo se distingue por el empleo de rimas internas, que aumentan la musicalidad del verso, y ciertos amagos surrealistas que se quedan en amago” (José Gobello).Se consagró al gremialismo, fue secretario y presidente de SADAIC, durante varios períodos, incursionó en la burocracia cultural como presidente de la Comisión Nacional de Cultura, pero esas labores no impidieron escribir letras de tangos como Domani. Café de los Angelitos, Papel picado. Anoche. Una canción, A Homero. Ya mi qué. Maríu, canciones de amor, de mujeres y hombres comprometidos por igual en los encuentros y desencuentros de la pareja. En 1955, después del golpe de Estado, padeció persecución política a causa de su simpatía por el peronismo, lo echaron de sus cátedras y no pudo cobrar ni siquiera sus derechos de autor. Entonces se aisló junto con su esposa en una casa de fin de semana y allí se dedicó a escribir y a pintar. Sentía un profundo amor por los animales y cuidaba perros (llegó a tener 90) gatos, gallinas y corderos a los que también curaba como veterinario aficionado. Fue fundador de MAPA (Movimiento Argentino de Protección Animal). Tuvo amistad con grades personajes y con muchos marginados de la sociedad. Y con todos fue leal y generoso. Poco antes de su desaparición el Fondo Nacional de las Artes le otorgó el Gran Premio Anual Un año antes. la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, lo había declarado Ciudadano ilustre Cátulo Castillo es uno de los máximos emblemas porteños. Falleció en Paso del Rey (Prov. de Bs. As.), el 20 de octubre de 1975, pero sus letras no fueron sepultadas por el paso del tiempo.