Escena
Músicos argentinos y uruguayos

AVILES, Adolfo Rafael
Músico, compositor y crítico. Nació en Buenos Aires, el día 11 de mayo del año 1898. Estudió música en el Conservatorio Williams, donde obtuvo su título de profesor. En la década del ’20 actuó como pianista poniéndole sonido a las películas mudas. Fue luego director de conjuntos de jazz. Atraído por la música popular compuso numerosas piezas de las cuales alcanzó mayor difusión la zamba Los ojazos de mi negra, dedicado a su mujer “Matonia”, y más tarde, el tango Cicutrices, sus dos mayores éxitos. También puso música a la revista “Hay que ver para creer”, estrenada en el teatro Excelsior, en 1925.Trabajó en Radio Cultura dirigiendo conjuntos musicales, imprimió discos Odeón casi todos bailables, grabados por Max Glucksmann. Organizó y dirigió conciertos a través de Radio Rivadavia y efectuó reportajes, y charlas sobre cine ejerciendo la crítica en forma amena pero incisiva, por Radio Splendid, a partir de 1932. Esta última actividad la desarrolló en forma oral y escrita, que lo llevó varias veces como corresponsal a Hollywood, la meca del cine. Compuso además otros tangos que le valió el aplauso del público, entre ellos: Desolación; La borrachera del tango; Micifuz y Tesorito y el foxtrot La canción del ukelele. Falleció en Buenos Aires, el dia 9 de diciembre del año 1971. “Era Avilés, un hombre gentil, culto, respetuoso, de aire un tanto doctoral, medido en sus gestos y en su decir”, según Benarós.
AVELLANEDA, Pepita
Cancionista. Nació en Buenos Aires, en 1880. Adoptó ese seudónimo, pues su nombre y apellido era el de Josefina Calatti. Fue conocida en el ambiente como la tonadillera de mayor popularidad a comienzos de siglo en Montevideo, y en Buenos Aires. Alcanzó celebridad en los cafetines de La Boca, en teatros picarescos como el Cosmopolita, Alcazar, en el Armenonville y Palais de Glace. Contribuyó a introducir el tango cantado de los tiempos iniciales, con letrillas humorísticas y atrevidas. Estuvo vinculada a muchos cultores del tango como Ángel Villoldo, Ponzio, Pacho y Saborido, entre otros. Compartió con el actor Florencio Parravicini las veladas nocturnas en teatro y el cartel del Variedades. Fue la primera mujer que se vistió de hombre para actuar en escena. Terminó en la miseria a avanzada edad, atendiendo el guardarropa de damas del cabaret Chantecler, en esta ciudad, el 21 de julio de 1951.
AYESTARAN, Lauro
Musicólogo. Nació en Montevideo (Rep. O. del Uruguay), el día 9 de julio del año 1913. Comenzó muy temprano su labor periodística, y a los 18 años, ya era crítico cinematográfico y después musical en “El Bien Público” donde utilizó el seudónimo de “Ural’. En este carácter colaboró en otros periódicos uruguayos, y es considerado en su país como el iniciador, hacia 1936, de una auténtica crítica musical afirmada en conocimientos profundos. Siguió en la Universidad la carrera de Derecho que abandonó por su vocación musical. Fue investigador de folklore musical uruguayo, labor encomendada por el Museo Histórico Nacional, y de la historia de la música en el Uruguay. Su labor formativa se amplió a través de la tarea de búsqueda y recolección de materiales en innumerables viajes por la campaña uruguaya; pasó largas horas con “sus músicos” los negros de Montevideo en la intimidad de sus humildes viviendas, indagó en archivos y documentó, perpetuándolo, el acervo musical de su tierra, sin olvidar ningún aporte. En Buenos Aires le cupo el honor de inaugurar la cátedra de Musicología de la Facultad de Artes y Ciencias Musicales de la Pontificia Universidad Católica “Santa María de los Buenos Aires’. Las solas enumeraciones de sus trabajos dan la pauta de su calidad científica. Ellos son: Domenico Zipoli, el gran compositor y organista romano de 1700 en el Río de la Platu (1941); Crónica de una temporada musical en el Montevideo de 1830 (1943); Fuentes para el estudio de la música colonial uruguaya (1947); Temas bíblicos en el folklore musical uruguayo (1947); La música indígena en el Uruguay (1949); Un antecedente colonial de la poesía tradicional uruguaya (1949); La primitiva poesía gauchesca en el Uruguay (1950); La Misa para el día de Difuntos de Fray Manuel Ubeda (1802). Comentario y reconstrucción (1952); Virgilio Scurabelli (1953); Luis Sambucetti, vidla y obra (1956); El centenario del Teatro Solis (1956); La primeru edición uruguaya del Fausto de Estanisluo del Cumpo (1959); Domenico Zipoli y el Barroco musical sudamericano (1962). Pero sobre todas ellas, su obra de envergadura es La Música en el Uruguay (1953), obra que mereció el Premio Nacional de Historia, y de la que lamentablemente sólo salió un tomo, de gran valor. Participó en varios congresos y en conferencias latinoamericanas de musicología que se llevaron a cabo en Estados Unidos. Fue miembro de número del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, de la Sociedad Internacional de Musicología, de la Academia Brasileña de Música, de la Academia Argentina de Bellas Artes y del International Folk Music Council. Falleció en Montevideo, el 23 de julio de 1966. Era de gran humildad y de hablar calmo.