Artistas
Francisco CANARO

San Juan de Mayo (R. O. del Uruguay), el 26 de diciembre matrimonio prolífico, de inmigrantes italianos. En 1899, con sus padres llegaron a Buenos Aires, yendo a vivir en un inquilinato del barrio de San Cristóbal, con diez hermanos. En 1904 comenzó a pulsar una guitarra cuyos sones surgían indecisos de las manos inexpertas de un muchacho que, aprendiz de pintor, y en ocasiones diariero el sustento oficiaba en las escasas horas libres para dedicarse a la música. Después fue el mandolín, muy en boga entonces, el que acompañó al músico en sus serenatas vecinales. Y más tarde, un violín, construido con una lata de aceite, el que fijó su definitiva vocación instrumental. Es decir, un cabal autodidacta. Su debut como profesional lo hizo en 1906, en la localidad de Ranchos, con un trío del que formaba parte con Martín Arrevillaga y Rodolfo Duclós en mandolín y guitarra. De allí siguió una extensa gira a través de la provincia de Buenos Aires, en la que según él mismo lo relata, algunos contratiempos le sirvieron de provechosa autocrítica, que mantuvo a lo largo de su vida. Después integró un trío con Samuel Castriota al piano y Vicente Loduca en bandoneón, tocaban en el “Café del Griego”, en la esquina de Suárez y Necochea. Más tarde, en 1910, formó parte de un conjunto dirigido por Vicente Greco, poco después con el pianista José Martínez y Pedro Polito al bandoneón y reunió un nuevo trío que constituyó la base de la primera orquesta de Canaro. El inauguró en 1914 en el Palais de Glace los famosos bailes “del internado”, que realizaban los estudiantes de medicina para celebrar el Día de la Primavera. Entre 1916 y 1924 su popularidad se ensanchó notoriamente, compuso tangos exitosos como El matusanos y El chamuyo. Se presentó en locales como Montmartre, Armenoville, y Royall Pigall, y dio comienzo a su abultadísima carrera discográfica desde la Casa Nacional Odeón. A partir de 1924 fue figura de atracción en el cabaret “Tabaris”, y en 1925 emprendió su primera gira por el exterior. Viajó a París llevando a sus músicos vestidos de gauchos, para debutar en el “Dancing Florida” y contribuir a la universalización del tango. En esa ocasión impuso el rango de Scarparo y Caldarella titulado Canaro en París. Se comenta que se convirtió en el hombre del día, Fernando Ortiz Echagüe y Ricardo Aldao (h) fueron a visitarlo. Lo llevaron a Poincaré. Atraído por ese acontecimiento, Canaro eje hallaba el homenajeado, quien expresó que nunca había escuchado una música de tanta sensibilidad y sentimiento, y que le encantaba su ritmo y baile. Pasó luego a Nueva York,y después, en muchas oportunidades recorrió distintas ciudades de Europa y Oriente, donde la música argentina encuentra a través de sus intérpretes una acogida extraordinaria. En 1932 se unió a Ivo Pelay, y componen juntos espectáculos de amplia repercusión popular cuya base son las comedias musicales. Hizo su debut en el teatro El Nacional con La muchachada del centro, escrita por Pelay que incluía la actuación de su orquesta y de Tita Merello y Tito Lusiardo bailando un par de piezas. Le siguieron La canción de los barrios (1934), compuesta en colaboración con el mismo autor; Rascacielos (1935); La patria del tango (1936); Mal de amores (1937). En la misma sala Canaro y Pelay presentaron en 1939, El muchacho de la orquesta, oportunidad en que se incorporó para actuar con el famoso “Pirincho”‘-en el mote cordial de la intimidad-, el entonces joven Mariano Mores para quedarse junto a él nueve años. Por último, en 1941, Canaro de impecable esmoquin y con su batuta de marfil (actualmente en poder de Mores, su heredero musical), dirigió La historia del tango, con Benito Bianquet “El Cachafaz”. Estas y otras más también se ofrecieron en los teatros “Sarmiento”, “Buenos Aires”, “Politeama” y “Astral”. Luego en el “Presidente Alvear” presentó Buenos Aires de ayer y de hoy, y Luna de miel para tres. Cuando comenzaron las primeras películas sonoras entre 1934 y 1950, formó los estudios “Río de la Plata”. Intervino algunas veces al frente de su orquesta, otras nada más que como compositor, en Ídolos de la radio. Por buen camino, ya tiene comisario el pueblo, La muchacha del circo, y algunos otros films. Realizó durante su trayectoria, numerosas giras que incluyeron presentaciones en Chile, Brasil, Uruguay, y en Japón, donde viajó en 1960.Se contó también entre los más activos dirigentes gremiales en la Asociación, en el Círculo y en la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC) la cual presidió los tres primeros directorios (1937-39, 1939-41 y 1941-43) para volver a empresario en 1947-49, en la Corporación Musical Argentina (COMAR) y en la Asociación Argentina de Directores de Orquestas, entidades de las que fue fundador y dirigente. Se nacionalizó argentino al cumplir 50 años. Su resonante popularidad se mantuvo sin interrupción. El disco con ediciones que alcanzaron a 3700, fue otras de las grandes vías de su difusión, al mismo tiempo que la radiofonía y después la televisión. Fue autor de más de 300 composiciones musicales, entre las que sobresalen las instrumentales: lutublada, Nueve puntos. El pollito, Charamusca, Hulcón negro. Sus tangos nostálgicos están en la línea de Tiempos viejos, Sentimiento gaucho, La última copa, Noblezude arrubal y otros que no pierden actualidad como Adiós pampa mía, Envidia. Niebla, los más difundidos Madreselva, que sirvió para ganar un Oscar y Se dice de mí, estrenado por Tita Merello en Mercado del Abasto. Estos son algunas pie-zas para recordar de su enorme repertorio. Por su orquesta desfilaron voces como la de Charlo, Agustín Irusta, Ernesto Famá, Azucena Maizani, Ada Falcón y el mismísimo Gardel, tan reacio a todo lo que no fueran guitarras. Nadie ha podido demostrar que no eran suyas las músicas que firmaba, pero como era adicto al trabajo y a la riqueza, logró amasar una importante fortuna. Se ha dicho además que “esquivó la disipación romántica de aquellos pioneros y llegó a controlar todos los espacios discos, radio, teatro, SADAIC, cine y televisión que se fueron abriendo, muchas veces gracias a él, desde la orquesta inicial de 1916 hasta su desaparición. Al cumplir 50 años de actuación editó un libro de jugosa lectura titulado Mis bodas de oro con el tango y Mis Memorias (1906-1956), Bs. As. 1957, con el que hizo una viva pintura de los ambientes en que actuó. Como si se hubiera presentido su próximo final, Francisco Canaro fue objeto, en el año de su óbito, de muchos homenajes, en los que intervinieron músicos y artistas de hoy y de ayer. Falleció en Buenos Aires, el 14 de diciembre de 1964, a los 76 años de edad. “Era un personaje de modales poco seductores y expresión algo trope”, siempre de moñito y trajeado con un toque de elegancia, de estatura baja y voz cascada. En 1963, al teatro Solís, se le impuso su nombre. Los vecinos de San Cristóbal con sentido emocional le dedicaron la plazoleta. “De las Madres “a Canaro, al colocar una placa recordatoria en homenaje a uno de los directores de más larga campaña profesional en el tango.