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Su lenguaje sensitivo en el romanticismo

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Su lenguaje sensitivo fue como una enfermedad que dominó aquel tiempo del romanticismo, no solamente literario, sino musical (Sturm und Drang). Período que cada uno, en la busca decidida por lo nuevo, sobre todo en el terreno musical, se hizo un deber superar. Los tres más grandes maestros, los que cada uno a su manera son tributarios de Bach, elevaron y aclararon este sentimentalismo, transformándolo en un sentimiento más profundo. Un pequeño círculo de músicos en Berlín almas de diletantes reflexionaba, en el verdadero sentido literal de la palabra, sobre el verdadero estilo de la canción. Bajo la influencia de la canción francesa inscribieron en su estandarte las palabras: “Sencillez y nacionalidad”, y desterraron de la canción toda fórmula y existencia del corchete italiano. Deseaban volver a la “naturaleza”, esto es, a la melodía del lenguaje, renunciando a los principios del aria, de cualquier especie fuera ella. Y hemos de decir que, ciertamente, agotaron todo su esfuerzo en este programa negativo. Pues era menester hallar aún una poesía que surgiera de fuentes puras y profundas como la de Anacrconte, que poseyera ln gracia afrancesada de un Hagedorn, la honrada comprensión de un Gellert.

Las obligaciones contraídas con E. P. Bach hicieron conocer al más viejo de los tres maestros calcos, el más alegre y sonoro, Joseph Haydn. Y precisamente la superación de ese sentimiento falso, simplemente galante, uno de los beneficios que este gran músico prestó al arte. Sólo en la sonata para plano, en la que Haydn no llegó a desempeñarse con soltura, es perceptible en cierto modo, aunque más técnica que espiritualmente, el estímulo de Bach. Haydn tuvo el deseo de aparecer mucho menos anticuado que lo que su descuido permite suponer, sobre todo en sus obras más flojas, a las que pertenece una parte de sus obras vocales, Bacras y mundanas. Sin embargo, en sus cuartetos, sinfonías y sus dos oratorios, pone un Impulso que alienta en la música al hombre natural que concibió Rousseau, a la conquista de la libertad, sin la más mínima sujeción al arte y al espíritu. De todos nuestros grandes maestros, fue Haydn, con seguridad, el que hubo de pasar por una de las escuelas más largas y difíciles, pudiendo agradecer tanto a los que le prestaron ayuda en su carrera como a sí mismo. El hijo del pobre carretero austríaco creció en absoluta, artesanía y nadie se preocupó de si en él se gestaba un músico genial o un violinista callejero. Su impulso irresistible a la creación, como compositor, pudo ser alimentado solamente con migajas teóricas. Pero su instinto del contrapunto, su vena melódica, son tan fuertes, que sus primeras obras agradan de inmediato, facilitándole con rapidez el camino para un maestrazgo de capilla en casa de uno de los muchos aficionados a la música de la alta nobleza austríaca.

En la soledad de Eisenstadt y Estoras, forzado por su principesco señor a ofrecerle siempre algo nuevo, en trato continuo con su orquesta nada pequeña, pudo desarrollar Haydn la originalidad de sus sentimientos, a frescura y sinceridad de su melodía, la variedad de sus formas. Todo este mundo íntimo de su ser lo consagró como uno de nuestros maestros más sanos y originales. Haydn trabajaba lenta y reflexivamente. Su primera sinfonía conocida fue escrita a los veintisiete años; en los doce siguientes fue produciendo apenas, si bien debemos tener en cuenta que algo de su labor se ha perdido, cuatro sinfonías anuales. Cada una de ellas es el testimonio de serias luchas, aspiraciones y ensayos. iQué fácil le hubiera resultado aceptar de sus predecesores y contemporáneos un esquema de la forma y una cantidad de particularidades técnicas de la melodía, dinámica e instrumentación! Sin embargo, las desdeñó. En ellos primaban sentimientos convencionales, aparentes, gradación equitativa, descargas y juegos librados a su voluntad. Había en Haydn, en cambio, fuerza y gravedad, sus creaciones surgen de la experiencia, de sucesos vividos, son figuras de un programa secreto. Allí encontramos fruslerías, escarceos musicales; aquí, gracia y humor. En ellos, fácil moneda de juego; en Haydn, pensamientos valiosos como el oro. Haydn es ya un compositor de cuartetos y sinfonías, famoso en París, cuando próximo a los sesenta años realiza el hallazgo más grande de su vida: el principio del trabajo temático en la mayor extensión de las partes de la forma de la sonata. El mismo señala este principio, al escribir sus seis “Cuartetos rusos”, haciendo la salvedad de que era “una manera completamente particular”.